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April 12th, 2026

12/4/2026

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Cuando un hermano peca

​
  • En su iglesia, le hermana Tere estaba convencida de que tenía un “llamado” para mantener a todos informados. Un domingo susurró: “Pastor, tenemos que orar por la hermana Yolanda. Escuché que anda viendo a alguien.”
  • El pastor levantó la ceja. “¿Y de dónde sacó eso, hermana?” “Pues… la vi subirse a un carro con un hombre que no reconocí.” En ese momento entró Yolanda con su hermano que acababa de llegar de México. Tenía la misma cara, la misma sonrisa, los mismos hoyuelos.
  • Doña Tere se quedó congelada. El pastor se inclinó y le dijo en voz baja: “Hermana… por esto no tenemos un Ministerio del Chisme.” Doña Tere suspiró. “Pues… tal vez deberíamos. Yo sería muy buena.”
  • No quiero que nadie se sienta aludido, pero la realidad es que muchas personas creen que tienen el don del chisme. Tristemente, este don nunca se menciona en la Biblia. Si el chisme no es la respuesta, ¿cómo debemos responder cuando vemos a un hermano que peca?
  • Esta mañana vamos a considerar lo que nos dice la Biblia al respecto. Comencemos con las palabras de Jesús en Mateo 7:1-5. Esto es lo que nos dice:
  • »No juzguen para que nadie los juzgue a ustedes. 2 Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes.
  • 3 »¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? 4 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo? 5 ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano. (NVI)
  • Me encanta la imagen visual que Jesús nos pinta en estos versículos. Imaginemos a una persona que tiene una enorme viga en el ojo. Se acerca otro hermano con un aserrín. El que trae la viga le dice: ¡Déjame ayudarte! ¿Cómo va a funcionar esto? El pobre hermano con el aserrín en el ojo va a quedar golpeado por la viga.
  • Hay que entender bien lo que Jesús nos dice aquí. No nos prohíbe identificar el pecado en la vida de otras personas. No nos está diciendo que tenemos que fingir que el pecado no es pecado. No nos dice que debemos justificar y excusar las malas acciones de otras personas.
  • Lo que nos dice es que no podemos ponernos en el lugar de Dios. Dios es el único juez. No podemos decir de otra persona, Él nunca va a cambiar. Ese tipo no tiene esperanza. No sabemos lo que Dios puede hacer en su vida. Tampoco podemos sentirnos mejores que ellos. Cuando vemos el pecado en la vida de la persona, tenemos que examinarnos a nosotros mismos para ver si también cometemos el mismo pecado.
  • Si ves el pecado de otra persona y te sientes mejor porque tú no serías capaz de hacer semejante cosa, estás cayendo en el error de juzgar. Si crees que no tiene remedio y Dios no lo podría cambiar, estás cayendo en el error de juzgar. La primera cosa que Dios nos enseña, entonces, es a no juzgar a un hermano que ha caído en pecado. Seamos humildes.
  • Ahora vamos a 1 Juan 5:16-17 para ver la segunda cosa que debemos hacer si un hermano ha caído en pecado. Si alguno ve a su hermano cometer un pecado que no lleva a la muerte, ore por él y Dios le dará vida. Me refiero a quien comete un pecado que no lleva a la muerte. Hay pecado que sí lleva a la muerte y en ese caso no digo que se ore por él. Toda maldad es pecado, pero hay pecado que no lleva a la muerte.
  • ¿Cuál es la segunda cosa que debemos hacer si vemos a un hermano que está pecando? Debemos interceder por esa persona. Debemos orar y pedirle a Dios que lo restaure. Sólo hay una excepción, dice Juan. Si comete un pecado que lleva a la muerte, ya no se recomienda la oración por esa persona.
  • Los expertos debaten a cuál pecado se refiere Juan cuando habla del pecado que lleva a la muerte. Creo que se refiere al pecado de resistir al Espíritu Santo. Es decir, se refiere a la actitud de endurecer el corazón y no querer responder a la convicción que trae el Espíritu Santo. Es el pecado de decir, No me importa lo que tú me dices, Dios, no me arrepiento.
  • En este caso, nos enseña Juan, la oración no tendrá ningún efecto. La persona se ha puesto más allá de la gracia de Dios. Sin embargo, muchas veces no sabemos cuál es la situación de la persona. En ese caso, por las dudas, debemos orar. Juan tampoco nos dice que no oremos, simplemente que no nos dice que lo hagamos.
  • Cuando oramos por una persona que está en pecado, invitamos a Dios a obrar en su corazón por gracia. Como seremos humanos, estamos conectados espiritualmente. Podemos afectar el estado espiritual de otra persona para bien o para mal. Podemos influenciar sus decisiones con nuestro ejemplo. Del mismo modo, nuestras oraciones ejercen una influencia invisible y poderosa.
  • Cuando no oramos, dejamos a la persona bajo la influencia del enemigo. La oración cambia corazones. En una iglesia, todos sabían que Don Chuy tenía la boca muy ligera y el genio muy rápido. Un día explotó y dijo cosas que no debía. La hermana Marta solo dijo:
  • “Pues a orar por él… porque si le cae la convicción, le va a caer fuerte.” Esa noche oraron. Al día siguiente, Don Chuy llegó temprano, con ojos rojos y un pan bajo el brazo. “Hermanos… vengo a pedir perdón. No pude dormir. Sentí como si Dios me estuviera jalando la oreja toda la noche.”
  • La hermana Marta sonrió. “¿Ya ve? La oración funciona. Y si quiere, seguimos orando… por si necesita otra jaladita.” Así podemos orar los unos por los otros cuando vemos que alguien necesita una jaladita de orejas. Con amor, con humildad y con humor, Dios obra.
  • Ahora vamos a Lucas 17:1-4 para ver el tercer paso. Luego dijo Jesús a sus discípulos:
  • —Los tropiezos son inevitables, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! 2 Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino atada al cuello que servir de tropiezo a uno solo de estos pequeños. 3 Así que, ¡cuídense!
  • »Si tu hermano peca, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. 4 Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte que se arrepiente, perdónalo.
  • Después de revisar nuestro propio corazón con humildad y orar por el hermano que ha pecado, debemos buscar la oportunidad de llamarle la atención. En otra ocasión, Jesús habló del hermano que peca contra ti. Aquí, en cambio, simplemente habla del hermano que peca, y punto. ¿Qué dice? Dice, Repréndelo.
  • Con mucho amor, con sabiduría y humildad, hazle ver su error. Esta es la parte que nos incomoda, porque no es fácil. Si te gusta llamarle la atención a la gente, debes regresar al paso uno y revisar tu propio corazón. Debe ser incómodo hablarle a alguien de su pecado.
  • Sin embargo, el pecado es algo tan grave que debemos estar dispuestos a ayudar a nuestros hermanos a escapar de él. Si vieras a un hermano que estuviera a punto de pisar una víbora, ¿te quedarías callado? ¡Claro que no! Le gritarías que tenga cuidado.
  • Del mismo modo, debemos estar dispuestos a hablar con un hermano en Cristo cuando vemos que está en pecado. Durante mis estudios universitarios, tuve un amigo que había conocido poco antes a Cristo. Amaba mucho al Señor, y era muy inteligente.
  • Cuando conoció al Señor, estaba viviendo en unión libre con una muchacha. Sin embargo, nadie en la iglesia le dijo nada. Meses después, en su propia lectura bíblica, se dio cuenta de que estaba viviendo en pecado. Le pidió matrimonio a la chica, ella no quiso casarse, y se separó de ella.
  • Varias veces me preguntó él: ¿Por qué no dijeron nada los hermanos de la iglesia? Me dejaron seguir pecando. Yo no sé por qué no le dijeron nada. Quizás les dio pena o quizás creían que se enojaría. En todo caso, se volvieron cómplices de su pecado por callarse.
  • Si ves a un hermano que está pecando, no hables con los demás al respecto. Eso es chisme. Pero sí debes hablar con él, después de orar y revisar tu corazón, para no volverte cómplice de su pecado. Si es un creyente verdadero, te oirá y se arrepentirá.
  • Ahora veamos el cuarto paso. Gálatas 6:1 nos dice esto: Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado. El propósito de todo esto es la restauración. Cuando confrontamos el pecado de otro hermano, debemos esperar siempre su perdón y restauración.
  • Una de las cosas más hermosas que hace Dios es restaurar a un pecado arrepentido. Una de muchas historias es la de Miguel. Miguel, un hombre mexicano en sus treinta, contó públicamente su historia en un ministerio cristiano de restauración matrimonial. Él confesó que, durante una temporada de estrés económico y alejamiento espiritual, cayó en infidelidad. Su esposa quedó devastada y lo echó de la casa. Él mismo dijo que su pecado lo dejó “vacío, avergonzado y sin rumbo”.
  • Durante semanas, Miguel vivió con un amigo, sintiendo que lo había destruido todo. Un día, desesperado, entró a una iglesia donde un pastor predicaba sobre el hijo pródigo. Miguel dijo que sintió que Dios le hablaba directamente: “Tú sabes dónde está tu hogar, pero tienes que regresar con humildad.”
  • Esa noche, Miguel llamó a su esposa llorando, confesando todo sin excusas. Ella no estaba lista para reconciliarse, pero aceptó que él asistiera a consejería pastoral. Durante meses, Miguel se sometió a disciplina espiritual: asistencia constante a la iglesia, consejería con un pastor hispano, un grupo de hombres que oraban por él, y un compromiso radical de transparencia.
  • Su esposa, por su parte, pidió a un grupo de mujeres que oraran con ella por sanidad, no por “volver rápido”, sino por restauración verdadera. Con el tiempo, ella vio cambios reales: humildad, paciencia, servicio, y un corazón quebrantado. Finalmente, aceptó intentar reconstruir el matrimonio.
  • Un año después, ambos dieron su testimonio juntos en la iglesia. Su esposa dijo: “No restauré a Miguel. Dios lo restauró primero… y luego restauró nuestro hogar.” Hoy sirven como mentores de parejas en crisis en su congregación hispana.
  • ¿Cómo podemos convertir nuestra iglesia en un hospital para pecadores? Si seguimos los cuatro pasos que Dios nos da en su Palabra, podemos ver que nuestros hermanos experimentan la restauración. Seamos humildes. Oremos. Hablemos con la persona. Busquemos restaurar. Así como Cristo nos ha restaurado a nosotros, podemos ser sus agentes de restauración.
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