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April 19th, 2026

19/4/2026

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La compasión de Jesús

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  • Vivimos en un mundo duro. Muchos buscan ayuda y sólo encuentran indiferencia. En Bogotá, Colombia, un taxista cristiano recogió en su taxi a un joven que se veía muy alterado. El joven le confesó que lo habían asaltado y lo habían dejado golpeado. No tenía dinero para el pasaje.
  • En lugar de enojarse, el taxista lo llevó a una clínica, le pagó el tratamiento, le compró comida y oró con él. El joven le dijo: Usted es el primero que me trata como si valiera algo. Meses después, el joven buscó al taxista para decirle que se había arrepentido de su mala vida y ahora asistía a una iglesia.
  • ¿Qué mostró aquel taxista que el joven no había encontrado en ningún otro lugar? Le mostró compasión. Te voy a decir de dónde aprendió ese taxista a ser compasivo. Lo aprendió de Jesús. Hoy quiero que consideremos la compasión de Jesús.
  • ¿Qué es la compasión? La expresión que se usa en la Biblia tiene que ver con un fuerte sentimiento en las entrañas. La compasión sucede cuando nos sentimos movidos por la situación de otra persona. Alguien dijo que la compasión es tu dolor en mi corazón. Hoy vamos a ver tres momentos en su ministerio cuando Jesús sintió compasión. Leamos acerca de la compasión de Jesús en Mateo 9:35-36.
  • Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas noticias del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia. 36 Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. (NVI)
  • Cuando uno sale y camina entre la gente se da cuenta de su verdadera situación. Si sólo vamos de la casa al trabajo a la iglesia, podemos vivir en una burbuja. Jesús, en cambio, recorrió los pueblos de su provincia. Se dio cuenta de la situación que vivía la gente. Lo que movió su corazón a compasión fue la confusión.
  • Observó en la vida de las personas el agobio y la falta de dirección. La vida los había aplastado, y no sabían para dónde agarrar. Peor aún, los mismos líderes del pueblo no hacían nada por ayudarlos. En lugar de darles consuelo y dirección, se aprovechaban de su posición para vivir bien mientras la gente vagaba en confusión.
  • Jesús se conmovió profundamente ante esta situación. ¿Cómo debemos ver esta reacción de Jesús? El peso de la reacción depende de la persona y la situación. Si ves a un niño llorando en la calle con un helado tirado a sus pies, quizás te dé un poco de lástima. Pero si ves a un hombre llorando junto a un ataúd, sabrás que su dolor es mucho más profundo.
  • Tenemos que comprender algo acerca de Jesús. Jesús es Dios, la segunda persona de la Trinidad. Como Dios el Hijo, es eterno. Comparte la esencia de su Padre. Cuando nació en este mundo, tomó una naturaleza humana. Se hizo hombre. Experimentó la vida humana con un cuerpo humano, una mente y un alma humanas.
  • Por eso, cuando vemos las reacciones de Jesús, tenemos que considerar si lo estamos viendo reaccionar en su humanidad, en su divinidad o en los dos. Por ejemplo, la Biblia nos dice que Jesús se durmió. Sabemos que Dios nunca se duerme. Por lo tanto, cuando Jesús se durmió, lo hizo en su humanidad. Se durmió, porque como hombre, le dio sueño. Pero Dios nunca se duerme.
  • Nos preguntamos, entonces, si Jesús sintió compasión como Dios, como hombre o como ambos. ¿Siente Dios compasión? La Biblia nos dice que sí. Por ejemplo, cuando el rey David pecó contra el Señor, Dios le ofreció escoger entre varios castigos. Esta fue la respuesta de David, según 1 Crónicas 21:13: Pero es mejor que yo caiga en las manos del Señor, porque su compasión es muy grande, y no que caiga en las manos de los hombres.
  • Dios no es insensible. Su corazón se deja tocar por la compasión. Por lo tanto, cuando vemos la compasión de Jesús, vemos la compasión de Dios hacia su pueblo confundido. Algunas personas creen que Dios está allá en el cielo, muy lejos de nuestros problemas y sin sentir nada hacia nosotros. Jesús nos muestra la verdadera cara de nuestro Dios compasivo.
  • Quizás hoy tú también estés confundido. Crees que Dios sólo te quiere condenar. Quizás hayas sido lastimado y herido por personas que deberían de haberte cuidado y protegido. Si has caminado en confusión porque alguien te hirió en el nombre de Dios, Jesús te mira con compasión. Si has sido dañado por la iglesia, Jesús te mira con compasión y te ofrece perdón.
  • Recientemente leía una entrevista con una líder cristiana que ha escrito muchos libros y enseñado la Biblia a muchas mujeres. Algunos años atrás, comenzó a caer bajo ataque por razones políticas. No tenía nada que ver con su doctrina o teología. Como resultado, tuvo que dejar su iglesia. Salió muy lastimada.
  • Sin embargo, ella decía que la experiencia le había enseñado acerca del poder del amor. Ella dijo: Los cristianos pueden estar en desacuerdo y luchar, pero jamás podemos odiar. Ella entendió que el rechazo que enfrentó no fue culpa de Dios. Algunos líderes de su iglesia la habían rechazado, pero Jesús la veía con compasión.
  • Si estás confundido por cosas que te han hecho, Jesús tiene compasión de ti. No te ve con enojo o acusación, sino con compasión. Acércate a él para que él te restaure. Perdona a los que te han hecho daño. Deja le venganza en manos de Dios. Confía en la compasión de Cristo.
  • Veamos ahora la segunda ocasión en la que Jesús tuvo compasión. La encontramos en Mateo 14:13-14. Cuando Jesús recibió la noticia, se retiró él solo en una barca a un lugar solitario. Las multitudes se enteraron y lo siguieron a pie desde los poblados. 14 Cuando Jesús desembarcó y vio tanta gente, tuvo compasión de ellos y sanó a los que estaban enfermos.
  • Jesús había recibido la noticia de que el rey Herodes había matado a Juan el Bautista. Juan fue primo de Jesús. Fue quien lo bautizó. Su ministerio fue la preparación para la venida de Jesús. Si has recibido la noticia del fallecimiento de algún ser querido, te puedes imaginar cómo se sentía Jesús en ese momento.
  • Él se fue a solas para procesar su dolor, pero la gente supo dónde estaba y lo fue a buscar. Cuando los vio, ¿cómo reaccionó? Habría sido fácil, en medio de su tristeza, mostrar impaciencia. Pero él no sólo vio su propia situación. Sintió compasión hacia la necesidad de la gente.
  • Hace unos minutos vimos que la compasión de Jesús es la compasión de Dios hacia su pueblo confundido y abandonado. Aquí vemos la compasión de Jesús como una expresión perfecta de sus sentimientos humanos. Jesús, como ser humano, sentía el dolor de la pérdida de un ser querido. Pero también sintió compasión hacia la gente enferma y necesitada.
  • Si Jesús nos muestra compasión a nosotros, tenemos que aprender de él a ser compasivos con los demás. Cuando Jesús vio la necesidad de este grupo, sanó a los que estaban enfermos. Luego, después de pasar el día enseñándoles, les dio de comer con cinco panes y dos pescados. Jesús tiene compasión de los necesitados. Nos llama a hacer lo mismo.
  • En una iglesia pequeña en Oaxaca, un hombre entró con huaraches rotos que lo habían dejado los pies llenos de ampollas. Al final del culto, el hombre pasó a pedir oración porque estaba buscando trabajo y no lo había encontrado. Sin decir nada, el pastor de la iglesia se quitó los zapatos y se los dio al hombre.
  • Al principio, no los quería recibir. Están nuevos, dijo. El pastor le contestó: Dios también le está mostrando un nuevo camino. Los miembros de la iglesia dijeron que el mensaje de ese día fue el mejor de todos – no el que se había predicado, sino el que se había demostrado.
  • Así es el poder de la compasión. Tú y yo no podemos cargar con los problemas de todo el mundo. Sólo Jesús pudo hacer eso. Pero sí podemos sentir compasión por las personas que él pone en nuestro camino y ofrecerles la ayuda que esté a nuestra disposición.
  • La última historia de compasión en la vida de Jesús se encuentra en Mateo 17:14-18. Cuando llegaron a la multitud, un hombre se acercó a Jesús y se arrodilló delante de él. 15 Y dijo:
  • —Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques y sufre terriblemente. Muchas veces cae en el fuego o en el agua. 16 Se lo traje a tus discípulos, pero no pudieron sanarlo.
  • 17 —¡Ah, generación incrédula y malvada! —respondió Jesús—. ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme acá al muchacho.
  • 18 Jesús reprendió al demonio, el cual salió del muchacho, y este quedó sano desde aquel momento.
  • Jesús acababa de revelar su gloria a sus discípulos Pedro, Jacobo y Juan. Habían estado en la presencia del Padre, acompañados por Moisés y Elías. Cuando descendieron de la montaña, dejaron la gloria y se encontraron con un desastre. Un hombre había llevado a su hijo a los discípulos de Jesús para que lo sanaran, pero ellos no habían podido hacerlo.
  • El niño sufría la opresión de un demonio. No todas las enfermedades son causadas por actividad demoniaca. No todos los que están enfermos necesitan un exorcismo. Jesús no sacó demonios de todos los enfermos. En este caso, sin embargo, el problema del muchacho tenía una causa espiritual. Los discípulos no tenían la fe suficiente para liberar al muchacho.
  • Esta situación nos presenta un cuadro triste. La falta de fe de los discípulos escondía la compasión de Jesús. ¿Qué habría sucedido si Jesús no hubiera llegado en ese momento? El padre y su hijo se habrían ido sin encontrar la solución. Quizás habrían pensado que Jesús no los podía ayudar, simplemente porque sus discípulos no tenían suficiente fe.
  • Nosotros estamos en el lugar de los discípulos. Jesús ha tenido compasión de nosotros. Por lo tanto, él nos llama a tener compasión de los demás también. Cuando tenemos fe en Jesús y mostramos su compasión a los demás, somos como canales de su compasión. La compasión de Cristo fluye a través de nosotros para bendecir a otros.
  • En cambio, cuando se nos olvida la compasión que Cristo nos ha tenido y dejamos de confiar en él, podemos frenar esa compasión que debe fluir a través de nosotros a un mundo que necesita desesperadamente de la compasión de Dios.
  • Un joven se desmayó en la entrada de una iglesia en El Salvador durante la reunión de oración. No tenía familia, dinero ni seguro. Los miembros de la iglesia juntaron lo poco que tenían y lo llevaron a la clínica. Cuando el joven se recuperó, les preguntó por qué lo habían hecho. Una hermana le contestó: Porque así nos encontró Cristo – tirados, sin nada, y él pagó por nosotros.
  • Cristo se ha compadecido de nosotros en nuestro pecado, en nuestra perdición y en nuestra necesidad. Nos ha ofrecido su vida misma. Ahora nos toca a nosotros ser canales de su compasión a un mundo que lo necesita.
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