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January 04th, 2026

4/1/2026

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Lo que realmente vale la pena

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  • Carlos tenía una mesa que tambaleaba. Alguien le comentó que lo podría componer con un martillo, así que Carlos decidió intentarlo. Tomó un martillo y golpeó las patas una por una, pero la mesa seguía tambaleando. Luego golpeó la parte de encima, pero la mesa seguía inestable. Por fin golpeó el piso, por si acaso. La mesa, por supuesto, tambaleó.
  • Por fin, Carlos suspiró y dijo: Creo que la mesa se está resistiendo al proceso. ¿Fue culpa de la mesa? No, fue culpa de Carlos. Empleó un proceso equivocado para tratar de componer la mesa. En este caso, los resultados no fueron muy graves. Sólo se trataba de una mesa tambaleante.
  • Hay otros casos, sin embargo, que pueden resultar mucho más graves. El peor error es el de usar el proceso equivocado para acercarnos a Dios. Esta mala decisión puede tener resultados eternos. Encontramos un gran ejemplo de esta verdad en la vida del hombre que conocemos como el apóstol Pablo.
  • En su niñez y juventud, Pablo fue conocido como Saulo. Llevaba el nombre del primer rey de Israel, Saúl, y pertenecía a la misma tribu. El joven Saulo fue muy religioso. Sus padres lo habían circuncidado, siguiendo la ley, al octavo día. De joven había estudiado bajo uno de los grandes maestros de su religión.
  • Sus padres le habían enseñado a obedecer la ley de Dios al pie de la letra, y Saulo creía que lo había logrado. Era estricto en seguir las reglas de su religión. Estaba seguro de que su vida devota lo hacía justo ante los ojos de Dios. Se sentía confiado en sí mismo.
  • Sin embargo, Saulo tuvo un encuentro que cambió su vida. Un día, mientras iba de camino a la ciudad de Damasco, tuvo un encuentro con Jesucristo mismo. En un instante, su mundo se volcó. Se dio cuenta de que había estado totalmente equivocado.
  • Por decirlo así, Pablo había martillado la mesa chueca para tratar de enderezarla, pero así nunca se iba a lograr. En ese momento, toda su religiosidad y sus esfuerzos por quedar bien con Dios quedaron invalidados. Llegó a entender que sólo una cosa le servía. Algunos años después, él escribió una carta donde describió este proceso.
  • Vamos a leer tres versículos de esa carta para tratar de comprender lo que Pablo comprendió. Estos versos se encuentran en Filipenses 3:7-9. Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo. 8 Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo 9 y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia que procede de la Ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe.
  • Pablo comienza contándonos de lo que parece valioso, pero no lo es. Sube de tono mientras lo describe. Primero, dice que antes lo había considerado ganancia, pero ahora lo ve como pérdida. Segundo, dice que todo lo considera pérdida. Termina describiéndolo como estiércol.
  • ¿A qué se refiere? Se refiere a sus esfuerzos religiosos por llegar a Dios. En los versículos anteriores Pablo describe la historia que les conté hace unos momentos. Había nacido en el seno de una familia judía, había sido criado en las enseñanzas de la ley y se había esforzado completamente por cumplir con esos reglamentos.
  • Esas cosas son las que antes valoraba. Era lo que él consideraba más importante. Pero ahora, llega a entender que esas cosas no valen nada. Es más, nada en este mundo tiene valor cuando se compara con Cristo. Por esto, él dice: Todo lo considero pérdida. Ni la religión, ni el dinero ni la herencia familiar tienen valor aparte de Jesús.
  • Existe un mineral que se llama pirita. No es muy valioso. Sólo sirve de adorno. Sin embargo, se parece mucho al oro. Muchos mineros sin experiencia lo han confundido con oro legítimo. Por esta razón, la pirita se conoce como el oro de los tontos. Como reza el dicho, No todo lo que brilla es oro.
  • Imagina, por un momento, a un minero que ha descubierto pirita. Entusiasmado, lleva su descubrimiento para venderlo a un joyero. Cuando llega, sin embargo, el joyero le da la mala noticia. Lo que trae no tiene valor. Su esfuerzo ha sido en vano.
  • Esto es lo que nos sucederá a nosotros si confiamos en cosas que parecen valiosas, pero realmente no lo son. Los seres humanos compartimos una tendencia. Es la tendencia a la religiosidad. Todas las culturas del mundo tienen alguna clase de religión. Por supuesto, la religión tiene aspectos buenos. Nos enseña la diferencia entre el bien y el mal. Nos lleva a entender que hay una realidad más allá de lo que vemos.
  • Pero el simple hecho de ser una persona religiosa no es suficiente para llevarnos a Dios. En otras palabras, la religión no nos puede hacer justos delante de Dios. Esto es lo que Pablo descubrió. Él había seguido su religión judía al pie de la letra, y se consideraba justo según sus normas.
  • Esta fue la mejor religión que existía en su tiempo, porque se basaba en la revelación de Dios. Se basaba en lo que Dios había dicho por medio de Moisés y todos los profetas del Antiguo Testamento. Era la mejor religión que existía, pero no bastaba para hacer que una persona fuera justa delante de Dios.
  • En un momento vamos a hablar de lo que realmente vale la pena, de lo que realmente sirve. Pero primero, tenemos que asegurarnos de no cometer el mismo error que había cometido Pablo. Como él, podemos basarnos en la religiosidad para pensar que estamos bien con Dios.
  • Algunos creen que están bien con Dios porque se han bautizado, en esta o en otra iglesia. Otros piensan que sus buenas obras los hacen aceptables delante de Dios. Todos los días tratan de hacer algo bueno, buscando así acumular méritos para que Dios los acepte. Otros se basan en los sacrificios que han hecho para Dios.
  • Sin embargo, ninguna de esas cosas basta para salvarnos. Si dependes de lo que tú mismo has hecho, te pareces a los constructores de la torre de Babel. Quisieron llegar al cielo por su propia cuenta, pero Dios destruyó su intento confundiendo los idiomas.
  • Si la religiosidad no nos puede salvar, ¿qué es lo que realmente vale la pena? La respuesta está en el verso 9. Pablo dice: No quiero mi propia justicia que procede de la Ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe. Durante muchos años, Pablo trató de ser justo según la ley.
  • Muchas personas hoy en día siguen con el mismo intento. Tratan de obedecer las leyes de Dios para ser justos delante de él. Pero esto nunca funciona. Nunca podremos hacer suficientes cosas como para que Dios nos acepte. No podemos borrar la mancha de nuestro pecado con todas las buenas obras del mundo. Nuestra justicia no vale nada. Es como pirita, el oro de los tontos.
  • Lo único que nos puede salvar es la justicia de Cristo. Jesús vivió la vida perfecta que nosotros no hemos vivido. Cumplió a la perfección con la voluntad de Dios. Cuando murió en la cruz, se ofreció como un sacrificio en nuestro lugar. La justicia de Cristo está disponible para cualquier persona que deja de confiar en sus propios esfuerzos por salvarse y pone toda su confianza en Jesús.
  • Esa es la justicia que procede de Dios y se basa en la fe. No es nuestra justicia; es la justicia de Cristo, aplicada a nuestra cuenta. Todo lo demás es pérdida a comparación con ganar a Cristo. De esta manera, podemos encontrarnos en él. Cuando dejas de confiar en ti mismo y confías en Cristo, no te pierdes. Te encuentras.
  • Si tú estás dependiendo de alguna clase de religiosidad para quedar bien con Dios, Jesús te invita hoy a dejar ese esfuerzo inútil y poner tu confianza en él. Confía plenamente en lo que él hizo cuando murió en la cruz por ti. En lugar de tratar de resolver el problema de tu pecado por ti mismo, arrepiéntete y pon tu confianza en Jesús.
  • Si tú ya le has entregado tu vida a Cristo, tengo un reto para ti. Hagamos que nuestra meta este año sea conocer de Cristo para conocer a Cristo. Nuestro lema como iglesia declara que somos una iglesia que, en primer lugar, aprende. ¿Qué aprendemos? La Palabra de Dios, por supuesto. Las enseñanzas que Dios nos ha dejado en la Biblia.
  • Pero hay un riesgo en el enfoque de aprender. Podemos aprender de una manera religiosa. Podemos leer la Biblia como un acto de mérito. Podemos escuchar sermones, sin muchas ganas, porque creemos que lo tenemos que hacer para quedar bien con Dios. Más bien, debemos aprender de Cristo para conocer a Cristo.
  • Hace algunos meses lancé el reto de leer un capítulo del Nuevo Testamento cada día. Hoy quiero invitarte a continuar con ese esfuerzo. Pero tengamos cuidado de no hacerlo sólo por cumplir. Antes de leer, pidámosle a Cristo que se nos revele por medio de su Palabra.
  • Quiero lanzarte hoy otro reto. Quiero invitarte a hacer un compromiso con Dios a ser fiel este año en asistir a la iglesia. Hebreos 10:25 dice: No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacer algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca. En lugar de acostumbrarnos a no asistir a la iglesia, tengamos la costumbre de congregarnos.
  • Pero tengamos cuidado también de que nuestra asistencia a la iglesia no se convierta en otra costumbre religiosa. Dios no va a contar cuántas veces asistes a la iglesia y luego decidir por esa razón si te deja entrar al cielo o no. La asistencia a la iglesia no es una forma de ganar puntos.
  • Más bien, participar en la iglesia es una forma de crecer en tu fe. Es la manera de vivir en comunidad tu relación con Cristo. Te invito a hacer el compromiso de ser fiel este año en asistir a la iglesia, pero haz el compromiso de venir con la expectativa de encontrarte con Dios. No vengas por religiosidad, sino porque quieres crecer en tu relación con Jesús.
  • ¿Estás confiando en pirita? ¿O atesoras el oro verdadero de la confianza en Jesús? Si hoy quieres poner toda tu confianza en Jesús, quiero invitarte hoy a pasar adelante en unos momentos para que oremos juntos. Así podrás expresarle a Jesús tu deseo de estar unido a él por la fe.
  • Si ya has puesto tu confianza en Jesús, te invito a crecer en esa fe este año siendo fiel a leer su Palabra y asistir a la iglesia con la expectativa de conocerlo mejor. Este año, conozcamos de Cristo para conocer a Cristo.
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