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July 13th, 2025

13/7/2025

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Aliento para la restauración

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  • Hay un juego que recuerdo de mi juventud. ¿Alguna vez lo has jugado? Hay dos concursantes que llevan vendas en los ojos. Cada uno recibe un guía que tiene los ojos descubiertos y los va llevando. Sólo puede guiarlos con palabras; no los puede tomar de la mano o guiarlos por tacto. Se llega a la meta atravesando una serie de obstáculos.
  • La complicación está en que todos los espectadores gritan instrucciones equivocadas. Si el camino abierto está a la derecha, los espectadores gritarán que vaya hacia la izquierda. Si hay que agacharse para ir debajo de algún obstáculo, los espectadores gritarán que brinque.
  • Este juego sólo se puede ganar fijándose únicamente en la voz del guía e ignorando las demás voces. Imagínate, por un momento, como concursante en este juego. Tienes que prestar atención a una sola voz cuando muchos te están gritando. En realidad, así es la vida. Tenemos una meta, un propósito. Dios nos está guiando para cumplir ese propósito, pero hay muchas otras voces que nos gritan cosas diferentes.
  • Esto le sucedió al pueblo judío cuando regresó a la tierra después del exilio. Dios tenía un propósito para ellos. Su propósito fue terminar de reconstruir el templo en Jerusalén. Sin embargo, había otras voces que los querían desanimar. La gente que vivía alrededor se opuso a lo que ellos hacían. Llegaron a acusarlos ante las autoridades.
  • Durante un tiempo, cedieron ante la oposición. Dejaron de trabajar en la reconstrucción. Se desanimaron. En ese momento, Dios les volvió a hablar. ¿Escucharían su voz? ¿Cumplirían su propósito? Vamos a ver lo que sucedió, leyendo Esdras 5:1-2.
  • Los profetas Hageo y Zacarías, hijo de Idó, profetizaron a los judíos que estaban en Judá y Jerusalén, en el nombre del Dios de Israel, que velaba por ellos. 2 Entonces Zorobabel, hijo de Salatiel, y Jesúa, hijo de Josadac, se dispusieron a continuar la reconstrucción del templo de Dios en Jerusalén. Y los profetas estaban con ellos ayudándolos. (NVI)
  • Cuando Dios vio que el trabajo de su pueblo se había estancado, levantó a dos profetas para hablarles. Estos dos profetas, Hageo y Zacarías, nos dejaron profecías que se escribieron en la Biblia. Los libros que llevan sus nombres relatan las profecías que Dios les dio.
  • ¿Escuchó el pueblo lo que Dios les dijo por medio de Hageo y Zacarías? ¡Sí lo escuchó! Cuando Dios les habló, lo escucharon y siguieron trabajando. Esto es lo que Dios nos enseña aquí: Sólo podrás cumplir los propósitos de Dios si escuchas la voz de Dios. En este mundo, muchas voces nos hablan. Tenemos que aprender a escuchar la voz de Dios si vamos a cumplir sus propósitos para nuestras vidas.
  • Meditemos sobre las dos partes de esa frase. Sólo podrás cumplir los propósitos de Dios. Esto significa que Dios tiene un propósito para tu vida. Has sido llamado a creer en Jesucristo para algo. Romanos 8:28 dice así: Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito.
  • Podríamos describirlo como una cadena. Dios nos amó primero. En 1 Juan 4:19 leemos esto: Nosotros amamos porque él nos amó primero. Todo comienza con el amor de Dios. Por amor, Dios creó el universo y lo hizo hermoso. Por amor, cuando Adán y Eva pecaron, él cubrió su desnudez con las pieles de animales sacrificados.
  • Por amor, Dios envió a Jesús para dar su vida en la cruz por nuestro pecado. Por amor, nos ofrece su perdón si nos arrepentimos de corazón y ponemos nuestra fe en él. Todo comienza con el amor de Dios. Nosotros sólo respondemos a su amor. Oímos el llamado de Dios y le decimos que sí.
  • Puede ser que hayas oído ese llamado en un sermón. Escuchaste el evangelio, y entendiste que necesitabas a Jesús. O quizás lo hayas oído porque alguien te lo compartió personalmente. Quizás lo hayas escuchado en un video. Si eres creyente, en algún momento oíste el llamado de Dios a la salvación y respondiste a su llamado.
  • Cuando respondiste a ese llamado, comenzaste a amar a Dios porque entendiste que él te ama. Ahora, si amas a Dios, él tiene un propósito para ti. ¿Qué dice Romanos 8:28? Habla de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Si has llegado a amar a Dios porque él te amó primero, él te ha llamado para un propósito.
  • Pongamos una comparación. Durante muchos años, mi madre coleccionó cucharitas. Cuando iba algún lugar, traía una cucharita de recuerdo. Cada cucharita tiene en el mango alguna decoración típica del lugar donde se compró. ¿Dónde están esas cucharas? Están colgadas en varias vitrinas pequeñas. Nunca salen de las vitrinas.
  • En la cocina, hay muchas cucharitas de diferentes tamaños que se usan para la sopa, para el café, para los helados, para el yogurt y para muchas otras cosas. No se exhiben en vitrinas. Están a la mano en una gaveta, listas para ser usadas en cualquier momento.
  • Quiero preguntarte: ¿a cuál de esas cucharas te pareces más? ¿Crees que Dios te haya salvado sólo para exhibirte en una vitrina? ¿O te habrá salvado para un propósito? Nosotros no existimos simplemente como recuerdos. Servimos para algo. Tenemos un propósito en el plan de Dios.
  • ¿Cómo, entonces, podemos saber cuál es el propósito? Al principio dijimos lo siguiente: Sólo podrás cumplir los propósitos de Dios si escuchas la voz de Dios. Comprenderás cuáles son los propósitos de Dios para tu vida cuando aprendes a escuchar su voz.
  • Los judíos que habían regresado a la tierra perdieron de vista su propósito. Se quedaron varados hasta que Dios les habló por medio de Hageo y Zacarías. Cuando oyeron la voz de Dios por medio de los profetas, se pusieron de nuevo a trabajar. Terminaron la obra.
  • Cada gran avance espiritual comienza con una palabra del Señor. Ellos avanzaron para terminar la obra cuando oyeron su palabra por medio de Hageo y Zacarías. El apóstol Pablo llevó el evangelio a Europa porque tuvo un sueño donde un hombre de Macedonia lo llamaba. Martín Lutero lanzó la Reforma cuando oyó la voz de Dios hablándole en Gálatas y mostrándole que la salvación es sólo por la fe.
  • Podríamos preguntarnos: ¿hay profetas como Hageo y Zacarías hoy? En los últimos años, se escucha mucho sobre el movimiento profético. A muchas personas se les da el título de profeta. Frente a esto, tenemos que considerar lo que dice la Biblia. No queremos ignorar la voz de Dios cuando nos habla, pero tampoco queremos prestar atención a un mensaje que no viene de Dios.
  • Por un lado, la Biblia nos dice claramente que el ministerio de los profetas pertenece a los fundamentos de la fe. Efesios 2:19-20 dice esto: Por lo tanto, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino conciudadanos del pueblo elegido y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular.
  • ¿Cuándo se pone el fundamento de un edificio? Se pone al comienzo de la construcción, ¿no es cierto? Del mismo modo, la piedra angular – que es Jesús – se colocó al comienzo de la construcción de la iglesia. Esto significa que los apóstoles y profetas ejercieron su ministerio cuando la iglesia estaba empezando. Hoy en día tenemos su legado en la Biblia.
  • Otra forma de decirlo es que los apóstoles y profetas se necesitaban cuando la Biblia no se había terminado de escribir. Ahora que tenemos la Biblia completa, su ministerio continúa por medio de la Biblia. Hoy en día ya no hay profetas de este tipo, porque no son necesarios.
  • Sin embargo, Pablo también nos dice, No desprecien las profecías. (1 Tesalonicenses 5:20) En el contexto de este versículo, no parece estar hablando de las profecías de la Biblia. Parece que se refiere a profecías que se recibían dentro de la iglesia. También hay muchos pasajes que nos advierten contra recibir cualquier profecía sin examinarla con cuidado.
  • Podemos decir, entonces, que ya no hay profetas en la iglesia, pero que sí puede haber profecías. Si alguien ha profetizado sobre ti, no aceptes ciegamente lo que ha dicho. Examínalo todo a la luz de la Biblia, porque la Biblia es la norma final para lo que creemos y lo que hacemos.
  • Por supuesto, Dios no sólo nos habla por medio de mensajes proféticos. En la mayoría de los casos, él nos hablará por medio de su Palabra. Dios me llamó a hacer mi doctorado por medio de una conferencia que recibí acerca de la vida de Elías. Durante esa conferencia y por medio de la enseñanza bíblica, me quedó claro que esto era lo que Dios quería que hiciera.
  • A veces, Dios nos habla en sueños. Obviamente, no todos los sueños vienen de Dios. Sin embargo, si tienes un sueño que crees que viene de Dios, ora y pídele que te ayude a entenderlo bien. También puedes pedirle a algún creyente maduro que te ayude a entender su significado.
  • Muchas veces, Dios te hablará en momentos de silencio, de meditación, de oración y de adoración. Comprueba todo con la Biblia. Pero, sobre todo, presta atención a lo que Dios te está diciendo. Sólo podrás cumplir los propósitos de Dios si escuchas la voz de Dios.
  • Una noche, un niño se despertó porque escuchó que alguien lo llamaba por nombre. Se fue corriendo a su tutor, un hombre mayor que era como un abuelo para él. ¿Me llamaste? – le preguntó. Sin embargo, su tutor le dijo que no lo había llamado y lo mandó de regreso a la cama.
  • Después de unos momentos, lo mismo volvió a suceder. Escuchó que alguien lo llamaba por nombre. Se fue corriendo de nuevo a su tutor, pero le volvió a decir que no lo había llamado. Regresó a cama, un poco perplejo. Por tercera vez escuchó su nombre y se fue corriendo al cuarto de su tutor. Por fin, el anciano se dio cuenta de lo que estaba pasando. Le dijo al niño: Si vuelves a oír la voz, responde así: Habla, Señor, que tu siervo escucha.
  • Ese niño se llamaba Samuel. Vivía junto al tabernáculo donde se adoraba a Dios con Elí, el sacerdote. Dios estaba llamando a Samuel. Le dio un mensaje esa noche para Elí. Después, Samuel sirvió a Dios durante muchos años como profeta, sacerdote y juez. Tuvo el privilegio de ungir a los primeros dos reyes de Israel, Saúl y David.
  • Todo comenzó cuando Samuel escuchó el llamado de Dios. ¿Estás dispuesto a escuchar la voz de Dios y cumplir sus propósitos en tu vida? Puede ser que hoy escuches su voz llamándote a la salvación. No escucharás una voz en el oído. Si sientes en tu corazón la necesidad de entregarle tu vida a Cristo, no esperes más. Ven y entrégate a él.
  • Si eres creyente, Dios te ha llamado para algo. Te ha llamado para su servicio. No te quedes atorado, como les sucedió a los judíos que habían regresado a la tierra. Dile como Samuel: Habla, Señor, que tu siervo escucha. De algún modo, él te indicará lo que quiere que hagas. Podrás cumplir los propósitos de Dios si escuchas la voz de Dios.
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