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June 01st, 2025

1/6/2025

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La restauración de la esperanza

  • ¿Alguna vez lo has perdido todo? Así le pasó a mi familia. Me presentó: Soy Jonatán, y vivo en Babilonia. Cuando era niño, mis abuelos me contaron la historia de nuestra familia. Ellos habían vivido cerca de Jerusalén, donde estaba el templo de Dios. Pero casi nadie iba al templo. Todos adoraban a otros dioses.
  • Mi abuelita me contaba como una de sus vecinas llevó a uno de sus hijos para sacrificarlo a un dios llamado Moloc. Quemó al niño en el fuego porque pensó que así su familia viviría mejor. Mi abuelo me contaba cómo algunos de sus amigos iban a los templos de un dios llamado Baal y se acostaban con las sacerdotisas de esa religión.
  • Según me decía mi abuelo, ellos creían que eso haría que sus tierras dieran más fruto. No sé lo que habrán pensado sus esposas de todo eso. De todos modos, mis abuelos me decían que todos se habían olvidado del Dios verdadero, el Señor del cielo y de la tierra. Ellos mismos no eran muy fieles a él.
  • Pero un día, todo cambió. Un ejército poderoso, el ejército de Babilonia, atacó la ciudad. Al principio, sólo se llevaron a algunas personas y pusieron a otro rey para hacer lo que ellos querían. Pero cuando el rey se trató de rebelar contra ellos, llegaron muy enojados y destruyeron toda la ciudad. Quemaron el templo de Dios. Se llevaron todas las cosas de valor que había allí – muchos utensilios de oro, plata y bronce.
  • Mis padres nacieron aquí en Babilonia, y yo también. Pero no nos olvidamos de nuestra tierra y de nuestro Dios. Cada día le pedimos que nos permita regresar a Jerusalén y adorarlo otra vez. Los babilonios ya no reinan aquí. Así como ellos nos conquistaron a nosotros, llegaron los persas para conquistarlos a ellos.
  • El rey de Persia se llama Ciro. Acaba de hacer una declaración. Dice que podemos regresar para reconstruir el templo de Dios. ¡Podemos regresar a nuestra tierra! ¿Será que Dios nos va a restaurar? ¿Volveremos a ser como antes? ¡Vamos a ver!
  • Acabamos de escuchar una descripción de la situación al principio del libro de Esdras. El pueblo de Dios se encontraba en su peor momento, pero el Señor estaba a punto de restaurarlos. No estamos hablando solamente de algo que sucedió hace muchos años.
  • Tengo la firme convicción de que nosotros también necesitamos restauración. Nuestras vidas necesitan restauración. Nuestras familias necesitan restauración. Nuestra iglesia necesita restauración. ¿Dónde podemos encontrar la esperanza que necesitamos para trabajar por la restauración? El libro de Esdras nos muestra cómo.
  • Comencemos leyendo los primeros cuatro versículos de Esdras. En el primer año del reinado de Ciro, rey de Persia, el Señor movió el espíritu del rey para que promulgara un decreto en todo su reino y así se cumpliera la palabra del Señor por medio del profeta Jeremías. Tanto oralmente como por escrito, el rey decretó lo siguiente:
  • 2 «Esto es lo que ordena Ciro, rey de Persia:
  • »El Señor, Dios del cielo, que me ha dado todos los reinos de la tierra, me ha encargado que le construya un templo en la ciudad de Jerusalén, que está en Judá. 3 Por tanto, cualquiera que pertenezca a Judá, suba a Jerusalén a construir el templo del Señor, Dios de Israel, el Dios que habita en Jerusalén; y que Dios lo acompañe. 4 También ordeno que los habitantes de cada lugar donde haya judíos sobrevivientes los ayuden dándoles plata y oro, bienes y ganado, y ofrendas voluntarias para el templo de Dios en Jerusalén». (Esdras 1:1-4)
  • El rey Ciro fue un rey pagano. Adoraba a otros dioses. Sin embargo, su corazón estaba en las manos de Dios. Aunque él no adoraba al Señor, el Dios de Israel, dio permiso para que el pueblo de Dios regresara y reconstruyera su templo.
  • Hace casi 150 años, un arqueólogo descubrió un cilindro de arcilla escrito por Ciro. Este cilindro demuestra que el rey Ciro era tolerante con las religiones de las naciones que controlaba. ¿Quién lo hizo así? ¡Fue Dios! Dios obró en el corazón de Ciro para que fuera tolerante con todos, incluyendo al pueblo de Dios.
  • Si no te gusta la historia, quizás todo lo de la arqueología y los cilindros de arcilla te parezca aburrido. No te pierdas esta lección, que es muy actual: Podemos trabajar por la restauración, porque Dios es soberano. Así como movió el corazón de un rey pagano para que su pueblo regresara a su tierra, él también mueve los corazones de los poderosos para hacer su voluntad.
  • Podemos ver la situación política y quedarnos alarmados. Algunas de las acciones del gobierno causan temor e inseguridad. Muchos parecen no tener ningún carácter cristiano. No olvidemos que Dios tiene el corazón del presidente y de todo el gobierno en sus manos. Dios puede usar a alguien de mal carácter para hacer algo bueno.
  • Pongamos nuestra confianza en la soberanía de Dios, no en los mandatarios de este mundo. Trabajemos confiadamente para hacer lo que Dios nos ha llamado a hacer. En lugar de temer a los hombres, confiemos en Dios. Él siempre tiene el control.
  • Dios nos muestra aquí una segunda razón para tener esperanza y trabajar por la restauración. Es que Dios cumple su Palabra. Por medio del profeta Jeremías, Dios había dicho que el exilio de su pueblo duraría setenta años. En Jeremías 25:11 leemos esto: Todo este país quedará reducido a horror y ruina; estas naciones servirán al rey de Babilonia durante setenta años.
  • Imagina cómo se habrá sentido el pueblo de Dios que fue sacado de su tierra a punta de espada y obligado a vivir en una nación extraña. ¿Perderían su fe en Dios? ¿Seguirían confiando en él? Dios les habló por medio de Jeremías para que tuvieran esperanza y siguieran confiando.
  • El profeta Daniel vivió durante el tiempo del exilio. Fue fiel a Dios, aun en medio de una fosa de leones hambrientos. Daniel también conoció la profecía de Jeremías. Daniel 9:2 dice, Yo, Daniel, comprendí ese pasaje de las Escrituras donde el Señor comunicó al profeta Jeremías que la ruina de Jerusalén duraría setenta años.
  • Daniel confió en Dios y oró pidiendo restauración porque la Palabra de Dios le dio seguridad. Nosotros también podemos tener confianza para orar y buscar la restauración si dependemos de lo que Dios nos dice en su Palabra. Cuando conocemos las promesas que Dios nos ha dado, encontramos las fuerzas para seguirnos esforzando.
  • Un hombre llamado Eugenio Lang fue invitado a dar el discurso de graduación en una escuela primaria de la ciudad de Nueva York. Años antes, él mismo se había graduado de la misma primaria en un barrio pobre de la ciudad. Con trabajo y con la ayuda de otros, se había convertido en millonario.
  • Mirando a los sesenta niños que se iban a graduar de la primaria, no sabía qué decirles. De repente, sin pensarlo bien, decidió hacerles una promesa. Yo les prometo que todos podrán ir a la universidad. Si terminaban la preparatoria, él mismo les ayudaría a pagar sus estudios universitarios.
  • El director de la escuela le dijo que muy pocos de los estudiantes lograrían lo que les prometió. En esa zona, casi nadie terminaba la preparatoria. Pero con esa clase fue diferente. Casi el 90% de la clase se graduó de la preparatoria, y más de la mitad estudió en la universidad.
  • ¿Cuál fue la diferencia? Esos estudiantes tenían esperanza. Sabían que algo bueno les esperaba si terminaban sus estudios. Esa promesa los motivó a esforzarse por algo mejor. Puede ser que tú y yo no tengamos un benefactor millonario, pero tenemos algo mejor. Tenemos a un Padre celestial que nos ha prometido su provisión ahora y la vida eterna después. Él cumple su Palabra. Podemos confiar en sus promesas.
  • Oigamos ahora lo que nos dice Esdras 1:5-6. Entonces los jefes de familia de Benjamín y de Judá, junto con los sacerdotes y levitas, es decir, con todos aquellos en cuyo espíritu Dios puso el deseo de construir el templo del Señor, se dispusieron a subir a Jerusalén. 6 Todos sus vecinos los ayudaron con plata y oro, bienes y ganado, objetos valiosos y todo tipo de ofrendas voluntarias.
  • En los versículos siguientes nos da una lista de todos los utensilios que Ciro devolvió al pueblo para que los llevaran consigo. Era un total de 5.400 utensilios de oro y plata. ¿Para qué serviría todo esto? Serviría para restaurar la adoración en el templo que se iba a reconstruir.
  • El propósito de Dios en llevar a su pueblo de regreso a la tierra prometida era restaurar la adoración que había cesado cuando el templo se destruyó. Este tema se ve a lo largo de la Biblia. Dios nos creó para vivir en una relación de adoración a él. La restauración del mundo comienza con la restauración de la adoración.
  • Nuestras vidas, nuestras familias y nuestra iglesia se restaurarán conforme se reestablece la verdadera adoración. La adoración es el propósito de Dios y es la parte que muchas veces nos falta. Una familia que adora unida es una familia bendecida. Una iglesia que olvida la verdadera adoración es una iglesia vacía.
  • En la historia de Esdras, Dios obró en el corazón del rey Ciro para permitir que su pueblo volviera a la tierra. Sin embargo, el pueblo tuvo que obedecer. Dios mismo puso en sus corazones el deseo de ir a reconstruir su templo, pero ellos tuvieron que disponerse a subir a Jerusalén.
  • Dios también está obrando para restaurar nuestro mundo. Sin embargo, tenemos que disponernos a colaborar con él. ¿Qué estás dispuesto a hacer para que el templo de Dios se reconstruya? No me refiero a un edificio, porque eso no nos hace falta. Más bien, me refiero a la reconstrucción de la verdadera adoración. Me refiero a las vidas entregadas al servicio de Cristo.
  • ¿Qué estás dispuesto a hacer para que esta iglesia florezca? ¿Estás dispuesto a confiar en que Dios está obrando? ¿Estás dispuesto a invertir tiempo y esfuerzo en servir? ¿Estás dispuesto a compartir el evangelio con otros? Dios nos da la esperanza. Ahora nos llama a trabajar.
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