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June 04th, 2023

4/6/2023

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Lo que da la fe

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  • Cuando yo era pequeño, mis padres me daban cada semana una propina. En aquel entonces, eran $2.50. La idea era que aprendiera a manejar el dinero por mi propia cuenta. Si les pedía un caramelo o un juguete, siempre me decían: Tienes tu propina. Esa propina venía con dos condiciones.
  • En primer lugar, tenía que separar el 10% para ahorros. Esa parte iba al banco. En segundo lugar, tenía que dar el diezmo. Cada semana, tenía que poner $0.25 en el plato de la ofrenda en la iglesia. Con la propina y sus condiciones, mis padres me inculcaron buenas costumbres en cuanto al manejo del dinero.
  • Sin embargo, debo confesar algo. Cuando yo depositaba mis $0.25 en el plato de la ofrenda, muchas veces lo hacía por obligación o por costumbre. No lo hacía con un corazón agradecido con Dios. Lo tenía que hacer no más. Con el tiempo, sin embargo, he aprendido que no sólo importa lo que le damos a Dios, sino también cómo lo damos.
  • Durante estas semanas, estamos hablando acerca de la importancia de la fe. Para empezar, vimos que es imposible agradar a Dios si no tenemos fe en él. La fe nos hace aceptables ante Dios. La semana pasada vimos cómo la fe nos relaciona correctamente con el mundo que nos rodea, porque nos hace ver que toda la creación fue hecha por Dios.
  • Hoy veremos la relación entre la fe y lo que le damos a Dios. Esta enseñanza surge de un lugar extraño en la Biblia. Es la historia del primer homicidio. Sucedió sólo una generación después de que el pecado entró al mundo. Caín, hijo de Adán y Eva y el primer homicida, mató a su hermano Abel.
  • ¿Sabes por qué lo mató? El problema surgió con una ofrenda. Caín era agricultor, mientras que Abel tenía ganado. Cada uno le trajo una ofrenda de lo que tenía a Dios. Caín trajo el fruto de la tierra, mientras que Abel trajo lo mejor de su rebaño. Génesis 4:4-5 nos dice lo que pasó después.
  • Y el Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró así a Caín ni a su ofrenda. Por eso Caín se enfureció y andaba cabizbajo. Caín se enojó porque Dios no aceptó su ofrenda, pero sí la ofrenda de Abel. A tal grado llegó el coraje de Caín que sacó a su hermano al campo un día, lo atacó y lo mató. Lo hizo por celos, porque Dios aceptó la ofrenda de Abel, mas no la de Caín.
  • ¿Te has preguntado alguna vez por qué Dios no aceptó la ofrenda de Caín? Algunas personas piensan que Caín dio las sobras de lo que había cosechado, mientras que Abel dio lo mejor. Pero la Biblia no nos dice esto. El problema no fue la calidad de su ofrenda.
  • Otros piensan que Dios quería sacrificios de animales y no de plantas, y por eso rechazó la ofrenda de Caín. Pero esto no puede ser, porque Dios no les había dicho qué clases de ofrendas quería. La ley de Moisés se dio miles de años después de la vida de Caín y Abel, así que ellos no podrían haber sabido lo que decía. Esa ley también describe tanto sacrificios de animales como también ofrendas de cereales y aceites. El problema con la ofrenda de Caín no fue el carácter de su ofrenda.
  • Encontramos la respuesta a esta pregunta en Hebreos 11:4. Dice esto: Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio más aceptable que el de Caín, por lo cual recibió testimonio de ser justo, pues Dios aceptó su ofrenda. Y por la fe Abel, a pesar de estar muerto, habla todavía. El problema con la ofrenda de Caín no fue su calidad ni su carácter. El problema fue el corazón de su ofrenda.
  • La ofrenda de Abel fue una ofrenda de fe, mientras que la de Caín no. Ambos creían en la existencia de Dios, pero Abel confiaba en Dios, y Caín no. Esta fue la diferencia entre los dos. Esto fue lo que llevó al arranque de coraje en el que Caín mató a su propio hermano. Podría parecer que Caín había ganado. Él seguía vivo, mientras que su hermano estaba muerto.
  • Sin embargo, el autor de Hebreos nos dice que Abel sigue hablando. Su historia nos habla en las páginas de la Biblia, y su voz nos llama del otro lado de la tumba. Él no está muerto, sino que está vivo. Los que viven por la violencia, como Caín, terminan perdiendo. Como dijo el Señor Jesús, los que a hierro matan, a hierro mueren. (Mateo 26:52)
  • ¿Qué es lo que Abel nos dice? Nos llama a confiar en Dios para que nuestras ofrendas a él sean agradables. Su ejemplo nos enseña a poner las cosas en orden. Si tú eres justo por la fe en Jesús, esa fe te motivará a darle ofrendas a Dios que le darán gusto. En cambio, si te tratas de justificar con ofrendas, jamás serás justo.
  • Quiero que te imagines, por un momento, a un hombre que ha ofendido a su esposa. Le ha dicho unas palabras hirientes, y ella se siente rechazada. El hombre entonces le manda unas flores, le manda unos chocolates, le manda comida, pero jamás se acerca para pedirle perdón. ¿Creen que podrá restaurar la relación de esa manera?
  • Más bien, me imagino que la mujer estará mucho más dispuesta a perdonar si su marido se acerca y le pide perdón con sinceridad. Luego, podrán disfrutar juntos de las flores, los chocolates y la comida. Así es con Dios. Mucha gente le trata de dar grandes cosas a Dios. Le dan grandes sumas de dinero, o prometen hacer grandes cosas para él, y piensan que así él los aceptará.
  • Pero Dios ya hizo el sacrificio más grande que se pudiera hacer. El sacrificio de Jesucristo en la cruz es el único sacrificio que necesitamos para ser aceptables ante Dios. Él nos llama simplemente a aceptar, por la fe, lo que Jesús hizo por nosotros. Cuando hacemos eso, estamos bien con Dios – como lo estuvo Abel.
  • Entonces le podremos dar ofrendas a Dios – la ofrenda del dinero, la ofrenda de la alabanza, la ofrenda de nuestra vida. Cuando nuestra ofrenda nace de la fe y del amor que le tenemos a Dios, le agrada. En cambio, cuando damos con la idea de manipular a Dios o conseguir algo de él, él conoce nuestro corazón. Ve nuestras motivaciones, y no le agrada.
  • Es bueno tener la costumbre de dar. Es una de esas buenas costumbres que debemos desarrollar en nuestras vidas e inculcarles a nuestros hijos. Pero para que nuestras ofrendas sean agradables a Dios, deben nacer de un corazón que confía en él. El ejemplo de Abel nos enseña cómo dar de una manera que le agrada a Dios.
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