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March 29th, 2026

29/3/2026

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La segunda vez que Jesús lloró

  • La Biblia sólo nos cuenta de dos veces que Jesús lloró. La primera vez, Jesús lloró frente a la tumba de su amigo Lázaro. El versículo más breve de la Biblia, Juan 11:35, nos habla de esa ocasión. Aunque Jesús sabía que iba a resucitar a Lázaro, lloró en solidaridad con nosotros frente al dolor de la muerte.
  • La segunda vez que Jesús lloró muchas veces pasa desapercibida. En realidad, es algo insólito. Jesús lloró en un momento de celebración y alegría. ¿Has visto a alguien que ha llorado en su fiesta de cumpleaños? Debe ser un momento de regocijo, pero se convierte en tristeza.
  • Hoy recordamos el día en que Jesús entró a Jerusalén, montado sobre un burro. Este día se conoce como el Domingo de Ramos. La multitud que acompañaba a Jesús cortó ramas de los árboles para tenderlos sobre el camino como una especie de alfombra roja, dándole una entrada digna a la ciudad.
  • Muchos judíos iban a Jerusalén para la Pascua judía, la gran celebración de su liberación de la esclavitud en Egipto. Cuando Jesús se subió a un burrito, lo reconocieron como el Mesías, el Salvador prometido. Comenzaron a gritar alabanzas. ¡Hosana! Esto significa, ¡Sálvanos! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
  • En la subida a Jerusalén, hay una curva en el camino de donde se aprecia toda la ciudad. Jesús llega a ese lugar y ve la ciudad. Leamos ahora lo que hizo allí. Lucas 19:41-44 nos cuenta la historia.
  • Cuando se acercaba a Jerusalén, Jesús vio la ciudad y lloró por ella. 42 Dijo:
  • —¡Cómo quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos. 43 Te sobrevendrán días en que tus enemigos levantarán un muro, te rodearán y te encerrarán por todos lados. 44 Te derribarán a ti y a tus hijos dentro de tus murallas. No dejarán piedra sobre piedra, porque no reconociste el tiempo en que Dios vino a salvarte.
  • No sé cómo te gusta imaginarte a Jesús. Quizás pienses en él sonriendo, tomando a los niños en su regazo para bendecirlos. Quizás pienses en él con la cara seria, enseñando el camino de Dios. Hoy quiero que veamos a Jesús con lágrimas en los ojos y nos preguntemos por qué. ¿Por qué llora Jesús?
  • La diferencia tan marcada entre la alegría de la entrada triunfal y sus lágrimas unos minutos después nos llama la atención. Jesús llora porque ve lo que viene. Él ve lo que muchos ignoran. Ve el futuro, y le da tristeza. En realidad, el llanto de Jesús refleja la situación de un mundo que lo rechaza.
  • Dice: ¡Cómo quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz! Pero eso ahora está oculto a tus ojos. Jesús caminaba en medio de un desfile que se hacía en su honor. Sin embargo, entendía que la gente realmente estaba ciega. Sus ojos estaban cerrados.
  • Jesús estaba presente con ellos y lo recibieron con una fiesta, pero realmente no lo supieron reconocer. Lo celebraron, pero sin entrega ni arrepentimiento. Tenían su propio concepto de lo que Jesús haría por ellos. Creían que les iba a dar una vida mejor en ese mismo instante. Lo vieron, pero no lo entendieron.
  • Cuando vemos a Jesús allí montado sobre un burrito, mirando la ciudad de Jerusalén y llorando, entendamos que él también lloraba por nosotros. Lloraba por cada hombre atrapado en un vicio que no encuentra la salida. Lloraba por las familias que practican una religiosidad sin amor. Lloraba por los jóvenes que se llaman cristianos, pero no conocen a Cristo.
  • En ese momento, la cosa más triste que Jesús veía era la ceguera. Él les ofrecía la verdadera solución, pero no la podían ver. Imagina, por un momento, que pusiéramos a alguno de ustedes aquí en una silla frente a una mesa. Luego, le vendamos los ojos.
  • Sin decirle nada, ponemos un millón de dólares sobre la mesa. Allí está el dinero para resolver todos sus problemas, pero de nada le sirve. No lo ve. Esa es la situación del mundo. Tenemos frente a nosotros la solución verdadera, pero si no la vemos, de nada nos sirve.
  • La solución no está en nombrar a Jesús, ni siquiera en celebrar a Jesús. Podríamos tener una linda celebración con comida y adornos, dedicado a Jesús, con su nombre en luces al frente. Si no nos entregamos a él de corazón, aceptando su dirección y su verdad por completo, seguimos ciegos. Lo más triste es que pensamos ver.
  • Jesús lloró por la ceguera de Jerusalén y del mundo porque él sabía cuáles serían las consecuencias. Como profeta, veía las consecuencias para Jerusalén. Dijo que sucederían cinco cosas a la ciudad. Sus enemigos levantarían un muro, rodearían a la ciudad, la encerrarían, la derribarían por completo y tumbarían sus edificios.
  • Esto sucedió, tal y como Jesús lo había anunciado. Menos de cuarenta años después, los judíos se rebelaron contra los romanos que los gobernaban. El ejército romano rodeó la ciudad. No dejaron que nadie saliera. Mataron sin piedad a hombres, mujeres y niños. El historiador judío Josefo describió la escena después de la destrucción.
  • ¿Dónde está la gran ciudad, la metrópoli de toda la raza judía, la urbe que estaba fortificada con tantas series de murallas, protegida con tantas fortalezas y elevadas torres, que apenas podía dar cabida a los instrumentales dispuestos para la guerra que contenía tantos millares de hombres que combatían por ella? ¿Qué le ha sucedido a esta ciudad, que creíamos que tenía a Dios como su fundador? Ha sido destruida y arrancada de raíz y sólo queda como recuerdo suyo el campamento de sus destructores, que aún se levanta sobre sus ruinas. Miserables ancianos permanecen junto a las cenizas del santuario y unas pocas mujeres han sido conservadas por los enemigos para servir al ultraje más vergonzoso.
  • Jesús veía esta escena cuando entró a Jerusalén. Veía todo su esplendor, pero también vio su destrucción. Tenemos que entender que la destrucción de Jerusalén no es sólo algo triste que sucedió hace muchísimos años. Es una señal de lo que le sucederá a cada persona y cada nación que rechaza a Jesús.
  • La escena que nos pinta Josefo de edificios, hogares y vidas destruidas es el futuro que le espera a toda la humanidad que rechaza a Dios. Todo lo que se construye sin Cristo está destinado a la destrucción. Todo nuestro esfuerzo, toda nuestra riqueza y todo nuestro orgullo quedarán en ruinas.
  • Lo más triste es cuando recibimos las bendiciones de Dios, y luego le damos la espalda. Esto fue lo que pasó en Jerusalén. Dios les dio esa ciudad, con todos sus edificios y hermosura. Sin embargo, se olvidaron de Dios.
  • Si Dios te ha bendecido, no te ciegues. Lo que te dio también te lo puede quitar. Vive siempre en dependencia y en gratitud hacia él. No desperdicies las oportunidades que Cristo te da. Jesús lloró cuando vio a Jerusalén, porque sabía cuáles serían las condiciones de su ceguera. Mira lo que dice el verso 44: Porque no reconociste el tiempo en que Dios vino a salvarte.
  • Dios mismo hecho carne, Jesús mismo, había venido a ofrecer salvación a su pueblo. Sin embargo, no supieron aprovecharlo. No lo reconocieron. No se arrepintieron de corazón. Había llegado su día de salvación, pero andaban distraídos en otras cosas.
  • A cada uno de nosotros, Dios nos da una oportunidad también. La Biblia dice que hoy es el día de salvación. Cristo ha venido para salvarte. Te ofrece una vida nueva. Te quiere enseñar a vivir de verdad. Quiere traer un cambio a tu hogar, a tus finanzas, a tu salud – pero ese cambio comienza en tu corazón.
  • ¿Cómo has recibido a Jesús? Puede ser que lo hayas recibido con mucho entusiasmo, como lo recibieron las multitudes en el Domingo de Ramos. Alguna vez lo recibiste, pero algo faltó. Lo recibiste con alegría porque pensabas que él haría ciertas cosas por ti. Sin embargo, te has quedado ciego a la verdad de Jesús. No has llorado con él.
  • Querías la celebración, pero nunca le entregaste de verdad a Jesús el control de tu vida. ¿Será que Jesús también llora por ti? En las lágrimas de Jesús vemos el cumplimiento de Juan 1:11: Vino a lo que era suyo, pero los suyos no lo recibieron.
  • Inmediatamente después, sin embargo, viene este versículo maravilloso: Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hechos hijos de Dios. Aunque muchos sigan ciegos, Jesús da vista a todos los que lo reciben.
  • Las lágrimas de Jesús nos invitan hoy a llorar con él. Nos invitan a llorar por nuestro propio pecado, recibiendo así su perdón. También nos invitan a llorar por este mundo perdido, uniéndonos a Jesús en su misión de salvación. No ignoremos sus lágrimas.
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