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May 18th, 2025

18/5/2025

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La salvación, según Jesús

​
  • ¿Qué es la salvación? Algunos dirían que la salvación consiste en ir al cielo cuando nos muramos. Esto es algo muy importante, pero no es lo fundamental. Otros buscan ser salvos de la pobreza o de la enfermedad. Dios nos puede rescatar de esas cosas, pero la salvación es más que el simple bienestar aquí en la tierra.
  • La noche en que Jesús fue traicionado, hizo una oración. Sabía lo que estaba por sucederle. Expresó lo que traía en el corazón en ese momento tan importante. En su oración al Padre, Jesús nos muestra el significado de la salvación. Nos habla de la verdadera vida eterna que todos anhelamos tener.
  • Hoy vamos a leer sólo unos versículos de esa oración de Jesús para entender lo que él nos dice acerca de la salvación. Según Jesús, la vida eterna consiste en conocer a Dios. Dios ha decidido compartir su vida con quienes lo conocen para su gloria.
  • Veamos lo que Jesús nos dice en Juan 17:1-3. Después de que Jesús dijo esto, dirigió la mirada al cielo y oró así:
  • «Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti, 2 ya que le has conferido autoridad sobre todo mortal para que él les conceda vida eterna a todos los que le has dado. 3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.
  • En esta oración de Jesús encontramos tres ideas importantes que nos permiten ver la salvación, la vida eterna, como Jesús mismo la ve. En primer lugar, la salvación es para la gloria de Dios. Al comienzo de su oración, Jesús dice: Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti.
  • El anhelo de Jesús es traer gloria a su Padre. La gloria que él recibirá mediante su muerte y resurrección servirán para glorificar al Padre. Jesús no es menos que el Padre. Comparten la misma esencia divina. Son un solo Dios. A la vez, Jesús ama al Padre y anhela que él reciba la gloria.
  • ¿Has conocido a alguien que siempre quiere ser el centro de atención? Por ejemplo, si le cuentas que tu hijo se acaba de graduar de la prepa, de seguro te contará de su hijo que se graduó de la universidad. Si le dices que te acabas de comprar un carro nuevo, te dirá que él se acaba de comprar uno mejor. Siempre tiene que ser el mejor en todo.
  • Esa clase de persona quiere recibir la gloria. Jesús no es así. En lugar de tomar la gloria que él se merece, se la da a su Padre. Con esto, Jesús nos da el ejemplo. Tenemos que entender que la salvación es para la gloria de Dios, no la nuestra. Dios es glorificado cuando las personas llegan a conocer la vida eterna en Jesús.
  • De hecho, la gloria de Dios se ve en muchas cosas. Se ve en la majestad y hermosura de su creación. Se ve en su Palabra y su sabiduría. Se ve en su verdad y fidelidad. Pero, sobre todo, la gloria de Dios se ve en la cruz. Allí Dios mostró el amor perfecto, el amor más grande, y ganó la victoria perfecta sobre el mal.
  • Así como Jesús vino con una misión que trae gloria a su Padre, también nuestra misión trae gloria al Padre. Cuando te entregas a Cristo por fe, reflejas la luz que trae gloria al Padre. Cuando compartes el evangelio con alguien que recibe a Jesús, la gloria de Dios se refleja en otra vida. Es como agregar otro reflector a una enorme colección de luces.
  • Recuerda siempre que la salvación no es sólo para nosotros. Es para la gloria de Dios. Alguien comparó una vez a los perros con los gatos. Dijo que los gatos piensan así: Mis amos me cuidan, me alimentan y me acarician. ¡Seguramente soy un dios! Los perros, en cambio, piensan así: Mis amos me cuidan, me alimentan y me acarician. ¡Seguramente son unos dioses!
  • Cuando se trata de la salvación, tenemos que ser como los perros y no como los gatos. No digamos, Dios tuvo que salvarme porque soy tan especial. Más bien, demos la gloria a Dios. ¡Cuán grande es este Dios que decidió salvar a un pecador como yo! No somos las estrellas de la salvación. Es para la gloria de Dios.
  • La segunda cosa que Jesús nos enseña acerca de la salvación es que viene por el poder de Dios. En el verso 2, Jesús dice que el Padre le ha conferido autoridad sobre todo mortal para que él les conceda vida eterna a todos los que le ha dado.
  • Antes de crear el mundo, Dios ya sabía que íbamos a pecar. Él no nos hizo pecar, sino que nos dio la libre voluntad para escoger el bien o el mal. Sin embargo, ya sabía que pecaríamos. Antes de crear el mundo, también había decidido ofrecernos la salvación. En sus propósitos eternos, Dios decidió salvar a todos los que creen en su Hijo.
  • Antes de que existiéramos, Dios ya nos había entregado a su Hijo. Fuera del propósito de Dios, no hay salvación. La salvación no es algo que nosotros creamos. No nos salvamos a nosotros mismos. Es algo que recibimos por la autoridad y el poder de Dios.
  • Se cuenta la historia de un hombre que se quedó atrapado en el techo de su casa por causa de una inundación. Comenzó a orar. Dijo: Dios, sálvame. En eso pasó una canoa. Adentro estaba uno de sus vecinos. El vecino le dijo: Súbete a la canoa, pero el hombre le contestó, Dios me va a salvar.
  • Siguió orando, Dios, sálvame. En eso, pasó una lancha de rescatistas. Le invitaron al hombre a subirse a la lancha, pero él se negó. Dios me va a salvar, les dijo. Se fue la lancha, pero las aguas seguían subiendo. El hombre oró con más fuerza: Dios, ¡sálvame! En eso pasó un helicóptero. Del helicóptero bajó una soga, y una voz le dijo al hombre: ¡Súbase!
  • Sin embargo, el hombre se negó. Dios me va a salvar, dijo. Por fin, el pobre hombre murió ahogado. Cuando llegó ante Dios, le preguntó: Te pedí que me salvaras. ¿Por qué no lo hiciste? Dios le contestó: Te mandé una canoa, una lancha y un helicóptero. ¿Qué más querías?
  • Este hombre quería que Dios lo salvara a su manera. Sin embargo, Dios nos salva del modo que él escoge. La salvación viene por el poder de Dios, no por el nuestro. No le podemos decir a Dios cómo queremos que él nos salve. Él ha decidido entregarle la autoridad y el poder a Jesús para concedernos la vida eterna.
  • Esto significa que sólo podemos recibir la salvación reconociendo a Jesús como Señor y Salvador. Nadie más nos la puede dar. No la podemos comprar. No la podemos merecer. No hay otro que nos pueda dar la salvación. La salvación no es algo que ganamos. Es algo que recibimos, y la tenemos que recibir como Dios nos la ofrece.
  • La tercera cosa que Jesús nos dice en su oración acerca de la salvación es en qué consiste. La salvación consiste en conocer a Dios. El verso 3 lo declara: Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.
  • Sólo hay un Dios de verdad, el Dios genuino. Hay muchos dioses que se adoran en el mundo, pero sólo hay un Dios que lo ha creado todo. Sólo hay uno que es el Dios verdadero. La salvación consiste en conocerlo a él. Si conocemos a Dios, tenemos vida. Si no lo conocemos, estamos muertos.
  • Jesús mismo es la vida. Él dijo, Yo soy el camino, la verdad y la vida. Conocer a Jesús es conocer la vida. Él entregó su vida en la cruz para que pudiéramos recibir la vida. La cruz de Jesús es el único medio para que las personas sean reconciliadas con Dios.
  • A veces pensamos que la salvación es algo que poseemos, o algo que podemos conseguir si nos esforzamos lo suficiente. Jesús nos enseña que la salvación es cuestión de a quién conocemos. La salvación no es una religión, sino una relación.
  • Hace algunos años, llegué a visitar a unos amigos que tenía años de no ver. Llegué a su casa de sorpresa y toqué el timbre. La criada abrió la puerta, pero ella no me conocía. El vigilante de la cuadra – en el Perú le decimos guachimán – se acercó para ver si yo no sería algún delincuente. La señora se asomó por la ventana, y de principio no me reconoció. Cuando le dije mi nombre, sin embargo, supo quién era.
  • Bajo y me abrió la puerta, y tuvimos una hermosa visita. ¿Por qué? ¿Cuál fue la diferencia? Es que ella me reconoció. Cuando lleguemos a la puerta del cielo, no importará lo que hayamos hecho en la tierra, la posición que hayamos tenido o el dinero que hayamos ganado. La cuestión será esta: ¿Nos reconoce Jesús?
  • Conocemos a Jesús cuando nos arrepentimos de corazón y ponemos nuestra confianza en él. Dejamos de confiar en nuestras obras. Dejamos de tratar de comprar la salvación. Más bien, la recibimos por lo que Jesús hizo en la cruz. De esta manera, le damos gloria a Dios. ¿Has recibido la salvación? ¿La estás compartiendo con otros?
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