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May 24th, 2026

24/5/2026

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No vuelvas por el mismo camino

​
  • En una iglesia en Arizona, el equipo de limpieza realizaba sus labores después de culto. Uno de los voluntarios recordó que había dejado una escoba en el almacén y decidió regresar por donde acababa de salir. Se le olvidó que el piso estaba recién trapeado. Se cayó, pegó contra la pared y se prendió la alarma.
  • A la una de la mañana, la compañía de seguridad llamó al pastor para avisarle que la alarma estaba sonando. Al día siguiente, cuando hablaron del suceso, el pastor se rio y dijo: Hasta una escoba te puede meter en problemas cuando regresas a los lugares de donde Dios te sacó.
  • Hoy vamos a leer una historia que se encuentra entre las más extrañas de la Biblia. En ella Dios nos enseña algo muy importante: No vuelvas por el mismo camino. En esta historia volvemos a los años después de la división del reino de Israel.
  • Los días de gloria bajo David y Salomón habían pasado. Las diez tribus del norte habían escogido a Jeroboán como líder. Roboán, el hijo de Salomón, sólo gobernaba sobre Judá y Benjamín en el sur. Jeroboán había colocado dos becerros de oro para servir como lugares de adoración para su pueblo. Comenzaba a alejarse de Dios, pero Dios no dejó de llamarlo.
  • Leamos la primera parte de la historia en 1 Reyes 13:1-10. Sucedió que un hombre de Dios fue desde Judá hasta Betel en obediencia a la palabra del Señor. Cuando Jeroboán, de pie junto al altar, se disponía a quemar un sacrificio, 2 el hombre de Dios, en obediencia a la palabra del Señor, gritó: «¡Altar, altar! Así dice el Señor: “En la familia de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a estos sacerdotes de altares paganos que aquí queman sacrificios. ¡Sobre ti se quemarán huesos humanos!”».
  • 3 Aquel mismo día el hombre de Dios ofreció una señal: «Esta es la señal que el Señor da: ¡El altar será derribado y las cenizas se esparcirán!».
  • 4 Al oír la sentencia que el hombre de Dios pronunciaba contra el altar de Betel, el rey extendió el brazo desde el altar y dijo: «¡Agárrenlo!». Pero el brazo que había extendido contra el hombre se le paralizó, de modo que no podía contraerlo. 5 En ese momento, el altar se vino abajo y las cenizas se esparcieron, según la señal que, en obediencia a la palabra del Señor, había dado el hombre de Dios. 6 Entonces el rey dijo al hombre de Dios:
  • —¡Apacigua al Señor tu Dios! ¡Ora por mí, para que se me cure el brazo!
  • El hombre de Dios suplicó al Señor y al rey se le curó el brazo, quedándole como antes. 7 Luego el rey dijo al hombre de Dios:
  • —Ven a casa conmigo y come algo; además, quiero hacerte un regalo.
  • 8 Pero el hombre de Dios respondió al rey:
  • —Aunque usted me diera la mitad de sus posesiones, no iría a su casa. Aquí no comeré pan ni beberé agua, 9 porque así me lo ordenó el Señor. Me dijo: “No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el mismo camino”.
  • 10 De modo que tomó un camino diferente al que había tomado para ir a Betel. (NVI)
  • Dios llevó a uno de sus profetas desde el sur, desde Judá, a Betel. Allí estaba uno de los becerros de oro que había colocado Jeroboán. Dios le dio al profeta un mensaje asombroso. Le dio al profeta el nombre del rey que destruiría los altares paganos en Betel. Se llamaba Josías, y nació trescientos años después. La historia bíblica confirma que se cumplió.
  • Jeroboán, por supuesto, no iba a vivir trescientos años más para verlo. Así que Dios le dio una señal inmediata. Cuando el rey extendió el brazo para que sus siervos agarraran al profeta, su brazo se paralizó. Es más, el altar se derrumbó y las cenizas se regaron por todos lados.
  • En ese momento, Jeroboán reaccionó. Mira lo que le dice al profeta: ¡Apacigua al Señor tu Dios! Jeroboán no lo considero su Dios. No dijo, Nuestro Dios. Ya se había alejado de Dios. Ya le había dado la espalda. Sin embargo, Dios le mostró su compasión. Le sanó el brazo cuando el profeta oró por él.
  • Pero el corazón de Jeroboán no cambió. Vio el milagro y experimentó la sanidad de Dios en su brazo, pero no se arrepintió de su maldad. No quitó el ídolo que había construido. En él se cumplen las palabras de Romanos 2:4. ¿No ves que desprecias las riquezas de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, al no reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento?
  • Algunas personas sólo buscan al Señor cuando lo necesitan. Es que no lo quiero molestar mucho, dicen. Cuando se encuentran en un problema, buscan la ayuda de Dios. Sin embargo, pasado el problema, se olvidan de él. Son como Jeroboán. Sanado el brazo, Jeroboán se olvidó de Dios y volvió a los mismos errores. Con eso, condenó a su reino a la destrucción.
  • Si Dios te muestra su paciencia y su bondad, lo hace para que te arrepientas de corazón y te entregues de lleno a Jesús. Si recibes la ayuda de Dios en un problema, pero no le entregas tu vida entera a Cristo, podrás terminar peor. Si has visto la bondad de Dios, no vuelvas por el mismo camino. No cometas el error de Jeroboán.
  • Veamos ahora qué sucedió con el profeta. Dios le había dicho que no volviera a casa por el mismo camino ni que comiera ni bebiera nada durante el viaje. Ahora recojamos la historia en el verso 11 de 1 Reyes 13.
  • En ese tiempo vivía en Betel cierto profeta anciano. Sus hijos fueron a contarle todo lo que el hombre de Dios había hecho allí aquel día y lo que le había dicho al rey. 12 Su padre preguntó:
  • —¿Por dónde se fue?
  • Sus hijos le indicaron el camino que había tomado el hombre de Dios quien había llegado de Judá 13 y el padre ordenó:
  • —Aparéjenme un asno para que lo monte.
  • Cuando el asno estuvo listo, el profeta anciano lo montó 14 y se fue tras el hombre de Dios. Lo encontró sentado debajo de una encina y le preguntó:
  • —¿Eres tú el hombre de Dios que vino de Judá?
  • —Sí, lo soy —respondió.
  • 15 Entonces el profeta dijo:
  • —Ven a comer a mi casa.
  • 16 —No puedo volver contigo ni acompañarte —respondió el hombre de Dios—; tampoco puedo comer pan ni beber agua contigo en este lugar, 17 pues el Señor me ha dado esta orden: “No comas pan ni bebas agua allí, ni regreses por el mismo camino”.
  • 18 El anciano respondió:
  • —También yo soy profeta, como tú. Y un ángel, obedeciendo la palabra del Señor, me dijo: “Llévalo a tu casa para que coma pan y beba agua”.
  • Así lo engañó 19 y el hombre de Dios volvió con él, y comió y bebió en su casa.
  • 20 Mientras estaban sentados a la mesa, la palabra del Señor vino al profeta que lo había hecho volver. 21 Entonces el profeta anunció al hombre de Dios que había llegado de Judá:
  • —Así dice el Señor: “Has desafiado la palabra del Señor y no has cumplido la orden que el Señor tu Dios te dio. 22 Has vuelto para comer pan y beber agua en el lugar donde él te dijo que no lo hicieras. Por lo tanto, no será sepultado tu cuerpo en la tumba de tus antepasados”.
  • 23 Cuando el hombre de Dios terminó de comer y beber, el profeta que lo había hecho volver le aparejó un asno 24 y el hombre de Dios se puso en camino. Pero un león le salió al paso y lo mató, dejándolo tendido en el camino. Sin embargo, el león y el asno se quedaron junto al cuerpo. 25 Al ver el cuerpo tendido y al león cuidando el cuerpo, los que pasaban por el camino llevaron la noticia a la ciudad donde vivía el profeta anciano.
  • 26 Cuando el profeta que lo había hecho volver de su viaje se enteró de eso, dijo: «Ahí tienen al hombre de Dios que desafió la palabra del Señor. Por eso el Señor lo entregó al león, que lo ha matado y despedazado, como la palabra del Señor se lo había advertido».
  • 27 Luego el profeta dijo a sus hijos: «Aparéjenme el asno». En cuanto lo hicieron, 28 el profeta salió y encontró el cuerpo tendido en el camino, con el asno y el león junto a él. El león no se había comido el cadáver ni había despedazado al asno. 29 Entonces el profeta levantó el cadáver del hombre de Dios, lo puso sobre el asno y se lo llevó de vuelta a la ciudad para hacer duelo por él y enterrarlo. 30 Luego lo puso en la tumba de su propiedad e hicieron duelo por él, clamando: «¡Ay, hermano mío!».
  • 31 Después de enterrarlo, el profeta dijo a sus hijos: «Cuando yo muera, entiérrenme en la misma tumba donde está enterrado el hombre de Dios y pongan mis huesos junto a los suyos. 32 Porque ciertamente se cumplirá la sentencia que, en obediencia a la palabra del Señor, él pronunció contra el altar de Betel y contra todos los altares paganos de las ciudades de Samaria».
  • 33 Con todo, Jeroboán no cambió su mala conducta, sino que una vez más puso como sacerdotes para los altares paganos a toda clase de gente. A cualquiera que deseaba ser sacerdote de esos altares, él lo consagraba como tal. 34 Esa conducta llevó a la dinastía de Jeroboán a pecar, y causó su caída y su desaparición de la faz de la tierra.
  • Se repite un tema en las historias de Roboán, de Jeroboán y de este profeta de nombre desconocido. Los tres se metieron en problemas por seguir malos consejos. En el caso del profeta, el mal consejo vino de labios de otro profeta, un hombre anciano. Él vivía en Betel, y había adoptado las costumbres de Betel. Se había alejado del Señor, aunque lo conocía.
  • Por razones de conveniencia, se había acomodado al sistema de Jeroboán. Por eso, trató de hacer tropezar al profeta que llegó del sur. En cierta medida, lo logró. Le dijo que un ángel había contradicho el mensaje que Dios le había dado antes. Le había dado permiso de comer y beber con este profeta anciano. El profeta más joven lo creyó y se fue con él.
  • Por supuesto, fue mentira. Dios es fiel, y él nunca se contradice. Ninguna supuesta revelación nueva de un profeta debe llevarte a desobedecer los mandamientos de Dios. Aunque declare que un ángel se lo dijo, no lo creas. Puedes encontrar supuestos profetas por millares que te dirán que han ido al cielo, que hablan con ángeles y muchas otras cosas. Sin embargo, si te dan un mensaje que no es bíblico, no lo creas.
  • Algunas iglesias hoy en día promueven la aceptación de la homosexualidad y otras relaciones sexuales fuera del matrimonio. Dicen que Dios está haciendo algo nuevo. Sin embargo, Dios no se contradice. Su plan para la sexualidad humana siempre es la misma. No creamos en las supuestas nuevas revelaciones simplemente porque son más fáciles de seguir.
  • El profeta joven ignoró lo que Dios le había dicho, y se fue con el profeta mayor. Como resultado, Dios mandó un león para matarlo en el camino. Fue un milagro, porque el león no se comió el cadáver del hombre ni le hizo daño a su asno. Al verlo, el profeta mayor reconoció que su mensaje había sido cierto.
  • Lo enterró, y dio órdenes que los enterraran juntos. El profeta joven sufrió consecuencias por su error, pero recibió reconocimiento al final y fue sepultado con la esperanza de la resurrección. Cuando un verdadero creyente falla, sufre consecuencias. Sin embargo, no pierde la salvación. En cambio, un incrédulo puede ser bendecido, pero se pierde al final.
  • Toda esta historia gira alrededor de la frase: No vuelvas por el mismo camino. Jeroboán volvió por el camino de la idolatría, construyendo becerros de oro como lo había hecho Aarón mucho antes. El profeta murió porque volvió por el mismo camino. Dios te dice a ti: No vuelvas por el mismo camino.
  • Un hombre en la Florida conoció a Cristo y salió de la vida pandillera. Algunos meses después, decidió volver por el mismo camino a su viejo barrio. Antes de que pasara una hora, lo estaban presionando a tomar, a pelear y a demostrar que era el mismo de antes. Salió del lugar sacudido y le dijo a su pastor: Creía que tenía suficientes fuerzas para resistir. Dios me sacó de allí por algo.
  • Si Dios te ha sacado de algo, no vuelvas por allí. Si te ha sacado de ciertas prácticas religiosas, no quieras volver a ellas. Si te ha sacado de algún pecado o de algún vicio, no juegues con él. No vuelvas por el mismo camino. Sigue adelante por el camino nuevo, el camino angosto de la fe en Jesucristo.
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