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November 16th, 2025

16/11/2025

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¿Esto tendrá remedio?

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  • Esto no tiene remedio. ¿Has oído esa frase? Se puede usar de un zapato o un calcetín, pero también de una situación imposible. Lo dijo un campesino cuando su caballo se cayó al pozo. ¿Cómo podría sacar a un animal tan pesado? Por fin decidió enterrarlo allí.
  • Comenzó a echar paladas de tierra al pozo. El caballo, con cada palada de tierra, se sacudía y subía un poco. Por fin, el pozo quedó lleno de tierra y el caballo salió por sí solo. Cuando lo vio salir, el campesino exclamó: ¡Esto no tiene remedio, ni siquiera para enterrarlo!
  • A veces lo que parece no tener remedio sí lo tiene. Pero hay una cosa que realmente no tiene remedio. Es la muerte. Si una persona se muere, no importa cuántos remedios se le den. No va a revivir. Los remedios sólo sirven para sanar a una persona enferma. No pueden dar vida a una persona muerta.
  • Hay uno que tiene el remedio para cualquier situación. Hoy escucharemos una visión que Dios le dio a un profeta llamado Ezequiel. Este hombre vivía bajo una situación que parecía no tener remedio. Su familia había servido en el templo de Dios en la ciudad de Jerusalén.
  • Sin embargo, cuando Ezequiel era joven, ese templo fue destruido. Ezequiel no podría darle el servicio a Dios que sus antepasados durante generaciones habían dado. Aun peor, no se podrían hacer sacrificios por los pecados en ese templo. Para colmo, Ezequiel había sido llevado a la fuerza, junto con muchos de sus compatriotas, a vivir en un país lejano.
  • Todo esto sucedió porque el pueblo de Dios lo desobedeció y fue infiel una y otra vez. Por fin, sus pecados fueron tantos que Dios no los aguantaba y perdieron todas las bendiciones que les había dado. Perdieron su tierra, perdieron su templo y perdieron a su rey. Parecía que habían perdido a su Dios también. La situación no tenía remedio.
  • ¿Alguna vez te has sentido así? ¿Te has encontrado en una situación que no parecía tener remedio? Vamos a escuchar cómo Ezequiel describe la visión que Dios le dio. Veremos el remedio que Dios describió. La visión se encuentra en Ezequiel 37:1-14.
  • La mano del Señor vino sobre mí; su Espíritu me llevó y me colocó en medio de un valle que estaba lleno de huesos. 2 Me hizo pasearme entre ellos, de un lado para otro. Pude ver que los huesos que cubrían el valle estaban muy secos y eran muchos. 3 Entonces me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?».
  • Y yo contesté: «Señor y Dios, tú lo sabes».
  • 4 Entonces me dijo: «Profetiza sobre estos huesos y diles: “¡Huesos secos, escuchen la palabra del Señor! 5 Así dice el Señor y Dios a estos huesos: ‘Yo haré entrar en ustedes espíritu y vivirán. 6 Les pondré tendones, haré que les salga carne, los cubriré de piel y les daré aliento de vida. Así vivirán y sabrán que yo soy el Señor’ ”».
  • 7 Tal y como me lo ordenó, profeticé. Y mientras profetizaba, se escuchó un ruido que sacudió la tierra, y los huesos comenzaron a unirse entre sí. 8 Yo me fijé y vi que en ellos aparecían tendones, les salía carne y se recubrían de piel. ¡Pero no había espíritu en ellos!
  • 9 Entonces el Señor me dijo: «Profetiza, hijo de hombre; profetiza al espíritu y dile: “Esto ordena el Señor y Dios: ‘Espíritu, ven de los cuatro vientos y sopla sobre estos muertos y vivirán’ ”». 10 Yo profeticé, tal como él me lo había ordenado y el espíritu entró en ellos; entonces vivieron y se pusieron de pie. ¡Era un ejército numeroso!
  • 11 Luego me dijo: «Hijo de hombre, estos huesos son el pueblo de Israel. Ellos andan diciendo: “Nuestros huesos se han secado. Ya no tenemos esperanza. ¡Estamos perdidos!”. 12 Por eso, profetiza y adviérteles que así dice el Señor y Dios: “Pueblo mío, abriré tus tumbas, te sacaré de ellas y te haré regresar a la tierra de Israel. 13 Y, cuando haya abierto tus tumbas y te haya sacado de allí, entonces, pueblo mío, sabrás que yo soy el Señor. 14 Pondré mi Espíritu en ustedes y vivirán. Y te estableceré en tu propia tierra. Entonces sabrás que yo, el Señor, lo he dicho y lo cumpliré, afirma el Señor”».
  • La visión que Dios le dio a Ezequiel es un mensaje de esperanza, aunque comienza de una manera espeluznante. Guiado por el Espíritu Santo, Ezequiel vio un enorme campo lleno de huesos secos. Había cráneos y tibias y peronés blanqueados por el sol, desconectados y regados. No eran siquiera esqueletos completos – sólo huesos separados.
  • Entonces Dios le preguntó a Ezequiel: ¿Podrán revivir estos huesos? ¿Qué habrías contestado tú? Creo que la respuesta de Ezequiel fue sabia: Señor y Dios, tú lo sabes. Dios le dijo a Ezequiel que profetizara a los huesos, y comenzaron a unirse. Los huesos regados se unieron para formar esqueletos completos.
  • Luego les crecieron los tendones y la carne, y se cubrieron de piel. Sin embargo, no tenían espíritu de vida. Eran como zombis. Entonces Dios le dijo a Ezequiel que llamara al espíritu para entrar en ellos. De repente, se llenaron del espíritu de vida y se pusieron de pie. Esos huesos secos se habían convertido en un gran ejército.
  • Esta visión tiene un significado, tanto para Ezequiel como para nosotros. Si vamos a comprender correctamente lo que significa para nosotros, tenemos que entender primero lo que significaba para Ezequiel. Los huesos secos en la visión representan algo. Dios no le estaba mostrando a Ezequiel un lugar físico lleno de huesos.
  • Es como cuando decimos: El que con lobos anda a aullar se enseña. No estamos hablando ni de lobos ni de aullar. Es una comparación. Del mismo modo, los huesos secos representaban algo. Representaban al pueblo de Israel, como nos lo dice el verso 11.
  • Este pueblo tenía vida física. Vivían y trabajan, comían y se dormían. Espiritualmente hablando, sin embargo, eran como huesos secos tirados por el suelo. Parecía que no tenían futuro. Parecía que no tenían esperanza. Eran tan inútiles y desdichados como esqueletos deshechos.
  • Sin embargo, Dios le revela a Ezequiel algo maravilloso. Hay un futuro para su pueblo. Su pueblo se iba a levantar. Las cosas no se habían acabado. Habría restauración.
  • Aquí está la parte importante. ¿Qué traería la restauración? ¿Se levantarían solos esos huesos? Claro que no. Humanamente hablando, su situación no tiene remedio. La vida sólo viene por medio del Espíritu de Dios y la Palabra de Dios. Cuando Ezequiel como profeta pronunció la Palabra de Dios sobre esos huesos, el Espíritu de Dios los llenó para darles vida.
  • Lo que Ezequiel profetizó se comenzó a cumplir algunos años después. El pueblo regresó a su tierra, reconstruyó el templo y restauró la adoración a Dios. Pero allí no se termina el cumplimiento de la profecía de Ezequiel. Dios sigue siendo el mismo. Sigue siendo un Dios que levanta muertos. La restauración que él trae se sigue realizando de la misma manera.
  • En medio de la muerte espiritual, sólo Dios nos puede dar vida por medio de su Palabra y su Espíritu. La solución no está en nosotros, sino en Dios. Así es con nuestra salvación del pecado. No nos salvamos a nosotros mismos. La Biblia dice que, sin Cristo, estamos muertos en nuestros delitos y pecados. Somos como esos huesos secos.
  • La única manera de ser salvos y tener vida espiritual es por el Espíritu y la Palabra de Dios. ¿Cuál es la Palabra que trae vida? El apóstol Pablo escribió: Esta es la palabra de fe que predicamos: 9 que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. (Romanos 10:8-10)
  • Esa es la palabra del evangelio. Cuando escuchas el mensaje de lo que Jesús ha hecho y lo recibes con fe, el Espíritu Santo te da nueva vida. La visión de los huesos secos es un cuadro de la salvación. Sin Cristo, estamos muertos en pecado. Sólo él puede darnos vida.
  • Recuerdo cuando Dios me dio esa vida a mí. Uno de mis maestros nos compartió el evangelio. Nos habló del pecado y de la muerte de Cristo por nosotros en la cruz. Nos dijo que debíamos aceptar a Cristo como Señor y Salvador para pasar la eternidad con él en el cielo. Lo pensé durante todo un día. Esa noche, oré y le pedí a Cristo que me salvara.
  • ¿Has recibido esa vida que sólo Cristo te puede dar? Si tú te ves en ese valle de los huesos secos, Dios te está llamando a recibir su perdón. Su palabra se ha proclamado para que tú la puedas recibir. Su Espíritu está presente para obrar en ti. Pon tu confianza hoy en Jesús.
  • El mismo Dios que dio vida al pueblo de Israel y que nos da vida eterna por medio del evangelio también puede dar vida a nuestras familias y a nuestra iglesia. No hay ninguna situación que no tenga remedio, cuando Dios se involucra. Si prestamos atención a la Palabra de Dios y confiamos en la obra de su Espíritu, él da vida.
  • Todavía recuerdo al joven que conocimos una vez. Trabajaba en el campo, y en sus ratos libres tomaba y se peleaba. Un día, su mujer me llamó para pedirme ayuda. Se había lastimado en una pelea, y lo habían llevado al hospital. No sabía dónde estaba.
  • La ayudamos a encontrarlo, y él comenzó a asistir a la iglesia. Cristo cambió su corazón, y también cambió su apariencia. Había tenido una larga melena de cabello descuidado, pero un día llegó a la iglesia con un nuevo corte. Dejó de tomar. Se casó con su mujer, y ahora tienen varios hijos. Se mudaron a otro estado, pero esporádicamente se comunican.
  • ¿Qué transformó ese hogar? No fue su propio esfuerzo. Fue Dios. Fue su Espíritu obrando en los corazones y su Palabra. Él puede hacer lo mismo hoy. Si enfrentas una situación que parece no tener remedio, busca a Dios. Él levanta muertos. ¿Qué no hará por ti?
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