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November 23rd, 2025

23/11/2025

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La confianza de la alabanza

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  • Un día, estaba trabajando en la oficina de mi casa cuando escuché un sonido extraño afuera. Al principio traté de ignorarlo, pero no me dejaba concentrar. Me levanté y salí para ver qué estaba causando ese ruido. En la pared de la casa vi un pequeño pájaro carpintero. Con el pico golpeaba la madera y causaba ese ruido.
  • Le dije al pájaro que se fuera. ¡En las paredes de mi casa no iba a encontrar comida! No quería que hiciera hoyos en la madera. El ave voló a un árbol cercano, y volví a entrar a la casa. Al rato, sin embargo, ¿qué vuelvo a escuchar? ¡El mismo pájaro, dando golpes con la cabeza contra la pared!
  • Felizmente, con el tiempo se cansó de golpear y se fue a otro lado. Los pájaros carpinteros buscan gusanos que viven en los árboles. En la madera de mi casa no los iba a encontrar. Sin embargo, persistía en dar golpes con la cabeza en un lugar donde no estaba lo que él buscaba.
  • Creo que muchas veces nos parecemos a ese pájaro. Cuando enfrentamos problemas, buscamos la solución en los lugares equivocados. Felizmente, hay una manera mejor. Dios nos muestra en su Palabra cómo hacerlo. Entre otras cosas, nos da ejemplos en el libro de Salmos.
  • Muchos de los salmos nos sirven como modelos. Nos muestran cómo expresarnos a Dios. Si no sabes orar, comienza a leer el libro de Salmos y convierte los salmos en tus propias oraciones a Dios. En algunos salmos, Dios te dará consejos. En otros, te mostrará cómo expresarte a él.
  • Hoy vamos a leer el Salmo 13, un salmo que escribió el rey David.
  • ¿Hasta cuándo, Señor, me tendrás en el olvido?
  •     ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?
  • 2 ¿Hasta cuándo he de atormentar mi mente con preocupaciones
  •     y he de sufrir cada día en mi corazón?
  •     ¿Hasta cuándo mi enemigo triunfará sobre mí?
  • 3 Señor y Dios mío,
  •     mírame y respóndeme; ilumina mis ojos.
  •     Así no caeré en el sueño de la muerte;
  • 4 así no dirá mi enemigo: «Lo he vencido»;
  •     así mi adversario no se alegrará de mi caída.
  • 5 Pero yo confío en tu gran amor;
  •     mi corazón se alegra en tu salvación.
  • 6 Cantaré salmos al Señor,
  •     porque ha sido bueno conmigo.
  • Este hermoso salmo se divide en tres estrofas. Cada estrofa representa una etapa en la reacción de David ante los problemas que enfrentaba. En este caso, no sabemos cuál fue su problema. Los salmos tienen diferentes títulos. En algunos casos, el título nos dice cuándo se escribió el salmo. En este caso, sólo sabemos quién lo escribió.
  • Esto significa que podemos aplicar las palabras de este salmo a cualquier situación que enfrentamos. ¿Cómo se siente David cuando comienza a escribir este salmo? Cuatro veces repite la frase, ¿Hasta cuándo? Está viviendo una pesadilla que no se acaba. Siente que Dios se ha olvidado de él.
  • Repite la frase cuatro veces, como si mirara hacia los cuatro puntos cardenales y no encontrara ninguna respuesta a su confusión. ¿Alguna vez te has sentido así? Estás pasando por un problema que parece interminable. Buscas la solución por todas partes, pero no la encuentras.
  • Podría ser por un problema de salud. El doctor te da soluciones que sólo funcionan por un rato. Podría ser por una necesidad familiar, un hijo extraviado o una situación de alejamiento que no lograr resolver. Te preguntas, ¿Hasta cuándo? ¿Cuándo encontraré la solución? Busco y busco, pero no la hallo.
  • Has llegado a sentir que Dios ya no te mira, que ha escondido su rostro de ti. Quizás esté mirando a los demás para bendecirlos, pero a ti no. Si así te sientes, ¡felicidades! Estás en buena compañía. El rey David, un hombre conforme al corazón de Dios, también así se sintió. No está mal que así te sientas. No tienes que fingir que todo está bien.
  • El mismo Señor Jesús, cuando colgaba en la cruz, citó el Salmo 22 para decir, ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has desamparado? Él también experimentó esa sensación de abandono. Si te sientes frustrado o abandonado por Dios, tranquilo. Simplemente no te quedes allí.
  • Encontramos una clave en el verso 2. ¿Dónde estaba mirando David? En su mente y en su corazón. Cuando enfrentamos problemas, nuestro corazón busca una solución. David busca paz en su corazón, pero no la encuentra. Tenemos que comprender que la solución no está en nuestro corazón.
  • Las cosas comienzan a cambiar cuando David expresa sus sentimientos a Dios. En los versos 3 y 4, encontramos cuatro peticiones a Dios que corresponden a las cuatro preguntas que David hace al comienzo. David mira hacia el Señor para encontrar la solución, viendo más allá de su propio corazón.
  • Cuando nos encontramos en apuros, a veces invocamos el nombre de Dios sin realmente hablar con él. Decimos, ¡Ay, Dios mío! Dios, ¿por qué me pasa esto? Pronunciamos su nombre, pero en realidad, no nos estamos dirigiendo a él.
  • Tenemos que levantar la mirada hacia él y pedirle en verdad que nos ayude. Hace poco, uno de los trabajadores de campo con quienes tenemos estudio bíblico me comentó algo que le sucedió en el trabajo. Él y otro trabajador estaban tratando de arreglar una máquina, pero no podían quitar una tuerca que estaba pegada.
  • En eso, llegó el patrón y trató de ayudarles. Sin embargo, nada funcionaba. El patrón comenzó a perder la paciencia. Por supuesto, esto aumentó la incomodidad de todos. Por fin, su compañero que también es creyente tomó una herramienta y le pidió ayuda a Dios. Al instante, la tuerca se aflojó y salió.
  • Mientras sólo buscaban soluciones humanas, todo quedó en frustración. Cuando levantaron los ojos a Dios, en cambio, todo se solucionó. Hay que decir que el nombre de Dios no es una varita mágica. Con sólo orar, no significa que todo se resuelve al instante. Sin embargo, la oración es un momento bisagra cuando las cosas comienzan a moverse en otra dirección.
  • Uno de los efectos del pecado en nosotros es la tendencia a la autosuficiencia. Creemos que podemos solos. Esta fue la tentación de Satanás en el jardín del Edén. ¡Ustedes no necesitan a Dios! ¡Coman del fruto prohibido! Desde ese momento, queremos resolverlo todo nosotros mismos sin la ayuda de Dios.
  • Tenemos que aprender que no podemos. Sólo con Dios se resuelve todo. Nuestro peor problema es la culpa de nuestro pecado. No podemos resolver ese problema a solas. Tratamos de hacerlo con buenas obras. Pensamos que podremos borrar nuestro pecado si hacemos suficientes cosas buenas.
  • Creemos que podemos redimirnos si nuestras buenas acciones superan nuestras malas acciones. Sin embargo, las cosas no funcionan así. La solución no está en nosotros. No está en nuestro corazón. La solución está en la cruz. Allí pagó Jesús por nuestros pecados. En realidad, la solución para todos nuestros problemas está en Dios. Sólo cuando confiamos en él encontraremos la solución.
  • Cuando miramos hacia Dios, esa confianza se expresa en alabanza. David no había visto la solución a su problema, pero ya estaba alabando al Señor. En este salmo, él menciona dos veces su corazón. La primera vez, su corazón sufre cada día. ¿Por qué? Porque no le ha pedido ayuda a Dios.
  • En cambio, después de orar, su corazón se alegra en la salvación de Dios. Su circunstancia no había cambiado todavía, pero David sabía que iba a cambiar. Se regocijó en lo que sabía que Dios haría. En esta sección se repite el número cuatro que se vio en las otras secciones. ¿Recuerdas? Había cuatro preguntas y cuatro peticiones. Aquí hay cuatro verbos de confianza en el Señor.
  • Me atrevo a decir que todos nos encontramos en una de tres situaciones en este momento. La primera situación es la decepción. Nos sentimos como se sentía David al principio de este salmo. ¿Hasta cuándo? ¿Por qué? ¿Dónde estás, Dios? Quizás nos parezcamos a este personaje.
  • Muchas personas, al verse así, tratan de aumentar su confianza en sí mismos. Hay toda una industria de autosuperación diseñada para ayudarte a hacerlo. En realidad, no todo lo que encuentras en los materiales de autosuperación es malo. Encontrarás algunas ideas buenas y sabias.
  • Sin embargo, si tu confianza solamente está puesta en ti mismo, pueden suceder dos cosas. En primer lugar, te puedes encontrar en una montaña rusa de sentimientos positivos y negativos. En ratos, te sientes muy bien contigo mismo y crees que puedes conquistar el mundo. En otros ratos, ves tus debilidades y terminas por los suelos.
  • La otra cosa que te puede suceder es que te vuelves muy orgulloso. Te han dicho una y mil veces que tú puedes, que nadie te podrá detener, que fuiste hecho con el polvo de las estrellas y estás destinado a brillar. Cuando lo crees, te vuelves insoportable. Te crees la última Coca-Cola en el desierto. Lo peor de todo es que le caes mal a Dios, porque Dios se opone a los orgullosos.
  • La única solución verdadera es poner tu confianza en Dios. Cuando levantas la mirada hacia él, llegas a tener confianza verdadera. Entiendes que todo es posible con Dios. Sabes que él tiene la solución. Te gozas en observar cómo Dios resuelve las cosas. En lugar de creer que tú lo tienes que resolver todo, tu corazón se regocija en alabar al Señor.
  • La primera opción es la desconfianza. ¡Nadie quiere vivir así! La segunda es la autoconfianza. Sin embargo, como hemos visto, esto no es lo ideal. La tercera opción es la Dios-confianza. Cuando tu confianza está puesta en Dios, puedes sentirte bien contigo mismo porque sabes que él te ama y te acepta. Puedes enfrentar cualquier situación confiadamente, porque sabes que él tiene la solución.
  • ¿Cuál es tu situación hoy? Si vives en desconfianza o en autoconfianza, levanta tu mirada al cielo y pon tu confianza en Dios. Búscalo, ante todo, para resolver tu problema de pecado. Sólo por fe en lo que Jesús hizo en la cruz puedes saber que tu pecado ha sido perdonado.
  • Búscalo en cualquier problema que tengas. ¡Él te quiere sostener! Alábalo por su salvación. Cuando la confianza se convierte en alabanza, el ciclo se completa. Vivamos en la confianza de la alabanza.
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