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October 13th, 2024

13/10/2024

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El Dios de toda consolación

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  • La película Ropa nueva para Felipe cuenta la historia real de un joven mexicano. Después de sufrir una experiencia traumática, se enferma de úlceras gástricas. Los doctores no le dan ninguna esperanza. Sus padres gastan todo lo que tienen en doctores y curanderos, sin resultado.
  • Por fin, sólo les queda esperar la muerte de su hijo. Parados afuera de la choza en la que viven, el padre de Felipe le dice a su madre: Sabe, Nicolasa, la vida no tiene sentido. Todos vamos al mismo hoyo. Algunos más pronto, otros más tarde. Creo que todos hemos pensado lo mismo en alguna situación. En medio del sufrimiento, la vida parece ser una tontería.
  • Felizmente, allí no se acaba la historia de Felipe. Llega a conocer a Cristo y es sanado de su enfermedad. Pero su historia nos presenta la pregunta: ¿Podemos encontrar sentido en el sufrimiento? En medio de las dificultades y los sinsabores que todos enfrentamos, ¿qué podemos hacer? Vamos a encontrar la respuesta que Dios nos da en su Palabra.
  • Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, 4 quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren. 5 Pues, así como participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo, así también por medio de él tenemos abundante consuelo. 2 Corintios 1:3-5 NVI
  • Estos versículos nos revelan un lado particular de Dios. Él es el Dios de toda consolación. ¿Has pensado alguna vez en Dios como un Dios que consuela? Aquí lo vemos así. Pensemos en esta realidad. Nuestro Dios es el Dios de toda consolación.
  • Podríamos mencionar muchas otras cosas que Dios hace. Él sostiene su creación. Juzga y castiga al maligno. Controla la naturaleza. Para los que lo conocen, sin embargo, Dios es el Dios de toda consolación. En la niñez, corremos a nuestra madre cuando nos caemos y nos raspamos la rodilla. Con un beso, nos dice: Sana, sana, colita de rana, si no sana hoy, sanará mañana. Nos consuela.
  • Aunque seamos adultos, todavía necesitamos consuelo. El hombre más fuerte necesitará ser consolado en algún momento. No es una señal de debilidad. Al contrario, es algo sano que reconozcamos nuestros dolores y busquemos consuelo. Lo importante es buscar ese consuelo en el lugar correcto. El consuelo verdadero para nuestra alma y nuestro corazón comienza con Dios.
  • El profeta Isaías anunció: ¡Consuelen, consuelen a mi pueblo! —dice su Dios—. (Isaías 40:1) ¿Qué consuelo podrían recibir? Es el consuelo de saber que sus pecados han sido quitados por el Dios eterno. Encontramos la verdadera consolación en el amor de Cristo que lo llevó hasta la cruz para pagar por nuestros pecados.
  • Dios nos muestra su consuelo a diario también, de formas pequeñas y grandes. Su Espíritu nos da paz en medio de la tormenta. Responde a nuestras oraciones. Nos da bendiciones que ni siquiera esperamos. Pone en nuestro camino a personas que nos apoyan y nos ayudan. De todas estas formas nos consuela Dios.
  • ¿Por qué necesitamos el consuelo de Dios? Todavía no hemos llegado al cielo, y enfrentamos problemas. Como Jesús dijo, en este mundo tendremos aflicción. Si esperamos que este mundo sea un paraíso, siempre viviremos frustrados. Si pensamos que nuestra vida debe ser libre de problemas, estaremos decepcionados todo el tiempo.
  • El apóstol Pablo nos dice que Dios nos consuela en todas nuestras tribulaciones. No dice que nos saca de todas nuestras tribulaciones. También nos dice que participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo. Así lo declara el verso 5. Si seguimos a Cristo, vamos a sufrir algunas de las cosas que él sufrió.
  • Hay equipos deportivos que nunca ganan, pero tienen fans. Sus seguidores ignoran su mal récord y tienen que enfrentarse a las burlas de los que siguen a equipos ganadores. Es parte de identificarse con el equipo. Si seguimos a Jesús, sabemos que seguimos al que ganó la batalla. Sin embargo, muchos nos considerarán perdedores. Sufrimos por identificarnos con Jesús.
  • Es importante entender algo. Cuando el creyente sufre, no es por la ira de Dios. Cristo sufrió la ira de Dios por nosotros. En la cruz, él pagó por nuestro pecado. Dios ya no está airado contra nuestro pecado. Si tú te has entregado a Cristo, nunca vas a sufrir porque Dios está enojado contigo. Nunca tienes que pensar que él te está castigando en coraje.
  • Más bien, sufrimos como sufrió Cristo porque él vivió como justo en un mundo de pecadores. Simplemente por seguir a Cristo habrá gente que no nos quiere. También sufrimos por vivir en un mundo imperfecto. Recientemente circuló en Internet la historia de una pareja que falleció en una tormenta. Llevaban décadas de casados. Murieron abrasados el uno al otro.
  • Estas personas pertenecían a la iglesia de un amigo pastor. El hecho de ser creyentes no nos libró de la tormenta. Dios a veces protege a los suyos, pero a veces la catástrofe también nos llega. No hemos llegado al paraíso, y a veces sufrimos simplemente porque vivimos en este mundo caído.
  • Pero tenemos que comprender algo. Cuando le va bien al que no cree en Dios, si no se arrepiente, simplemente está acarreando más juicio para sí mismo. No tengas envidia de los incrédulos. Quizás les vaya bien ahora porque Dios les está dando la oportunidad de arrepentirse. Si no lo hacen, les irá peor después.
  • En cambio, si comprendemos que vamos en camino al cielo y que esta tierra es un lugar de aprendizaje, descubriremos el consuelo de Dios en medio de las tribulaciones. Dios nos da el consuelo de su perdón, de su presencia y de su provisión. ¿Experimentas el consuelo de Dios? Ese consuelo viene cuando confías en él.
  • Ahora bien, si Dios nos consuela a nosotros, no debemos quedarnos solamente con ese consuelo. Debemos también consolar a otros en sus dificultades. El consuelo de Dios se multiplica y se perfecciona cuando lo compartimos. Esto lo descubrimos en los versos 6 y 7.
  • 6 Si sufrimos, es para que ustedes tengan consuelo y salvación; y si somos consolados, es para que ustedes tengan el consuelo que los ayude a soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos. 7 Firme es la esperanza que tenemos en cuanto a ustedes, porque sabemos que, así como participan de nuestros sufrimientos, así también participan de nuestro consuelo.
  • Cuando enfrentamos sufrimientos por causa de Cristo, hay beneficios. Esos beneficios no sólo son para nosotros, en el consuelo que Dios nos da. También hay consuelo para otros. Nuestras heridas pueden servir para sanar a otras personas. Podemos comprender su situación. Podemos compartir su dolor. El consuelo que Dios nos da puede fluir hacia las vidas de otros.
  • Dios no nos llama a sufrir en soledad. Él nos une para compartir su consolación. Es importante pensar bien cómo vamos a consolar y no hablar de más. Por ejemplo, unos padres trataban de consolar a su hija que había perdido a su amado perrito. Su madre le dijo: Hija, no llores. Firulais está allá en el cielo con Dios.
  • La niña miró a su madre con cara de confusión y le dijo: ¿Qué quiere Dios con un perro muerto? Si queremos ser canales del consuelo de Dios para otras personas, debemos primero estar presentes para compartir su dolor. Los amigos de Job llegaron para acompañarlo en su dolor, y por varios días no dijeron nada. Fue cuando abrieron la boca que metieron la pata.
  • A veces queremos explicarle al que sufre por qué está sufriendo y qué debe hacer, cuando lo que más le hace falta es que alguien lo acompañe en su dolor. Si hablamos, debemos señalar hacia Dios con sensibilidad y compasión. Cuando Jonatán visitó a su amigo David en el desierto, la Biblia dice que lo animó a seguir confiando en Dios. (1 Samuel 23:16)
  • No podemos explicarlo todo, ni debemos intentarlo. Pero sí podemos hablar de nuestro Dios fiel y compasivo. Podemos hablar de Cristo, el que sufrió con nosotros. Cuando vemos la cruz, sabemos que Dios no nos ha abandonado a nuestro dolor. Lo ha compartido, para que nosotros podamos encontrar consuelo y ser restaurados.
  • Cuando estamos sufriendo, puede parecer que la vida no significa nada. Pero Jesús, siendo Dios, se hizo hombre para sufrir por nosotros y sufrir con nosotros. Un día, viviremos en un mundo donde no habrá sufrimiento. Mientras vivamos aquí, habrá momentos de dolor. Pero en Cristo podemos encontrar el consuelo que necesitamos, y podemos compartir ese consuelo los unos con los otros.
  • ¿Conoces el consuelo de Cristo? ¿Compartes ese consuelo con los demás? 
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