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September 20th, 2026

20/9/2026

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El mensaje de la iglesia

​
  • Un mensaje lo puede cambiar todo. Así le pasó a una pareja misionera en Paraguay que se preparaba para viajar al campo cuando comenzó a llover. Minutos antes de salir de la casa, les llegó un correo electrónico de un pastor que les dijo: La pista está muy mojada. Por favor, no viajen hoy. Decidieron cancelar el viaje.
  • Horas después, supieron que uno de los puentes que iban a cruzar se había destruido. Ese mensaje llegó justo a tiempo para salvarles la vida. La iglesia también ha recibido un mensaje que puede salvar vidas. Es el mensaje más importante que existe. Es el mensaje del evangelio.
  • Si la iglesia deja de proclamar el evangelio, no importa cuántas otras cosas buenas haga. Ha perdido su razón de existir. La semana pasada, vimos cómo era la vida en la iglesia durante sus primeros meses de existencia. La iglesia se mantenía firme en la enseñanza de los apóstoles. Era una iglesia de poder, que vivía en amor y que llevaba el fruto de vidas transformadas.
  • En el pasaje que leeremos hoy, han pasado unos tres meses desde el día de Pentecostés. Hay que recordar que los creyentes todavía eran judíos. Se distinguían de los demás judíos en reconocer a Jesús como su Mesías, su Salvador. Seguían adorando a Dios en el templo judío en Jerusalén, y observaban las costumbres judías. De hecho, los seguidores de Cristo no se llamarían cristianos hasta unos quince años después.
  • Cierto día, los apóstoles Pedro y Juan iban al templo en Jerusalén para las oraciones que se hacían a las tres de la tarde. Mientras entraban al templo, pasaron junto a un hombre que había nacido lisiado. Cada día alguien lo llevaba para dejarlo allí, y por la tarde lo iba a recoger. Se ganaba la vida pidiendo limosnas.
  • A Pedro y a Juan también les pidió limosna, pero le dijeron algo extraño. Le dijeron: ¡Míranos! Algunos de ustedes han visto a los limosneros que son comunes en los países latinoamericanos. Cuando alguien da una limosna, los dos no se miran. El limosnero extiende su taza, mirando hacia abajo, y el otro pone una moneda allí viendo hacia otro lado.
  • No hay contacto visual. Pero Pedro y Juan humanizan al limosnero. Lo tratan como una persona, como alguien que vale la pena su atención. El evangelio nos humaniza a nosotros también. Dios no nos trata como limosneros, aunque somos los más necesitados del mundo. Nos llama por nombre. Nos hace sus hijos.
  • Pedro y Juan tratan al hombre con humanidad. Luego, Pedro le dice: Plata y oro no tengo, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡Levántate y anda! Lo tomó por la mano derecha y lo levantó. Al instante, sus pies débiles y flacos cobraron fuerza. Comenzó a caminar con Pedro y Juan. ¡Gritaba y alababa a Dios por lo que había pasado!
  • Mucha gente dentro del templo lo reconoció. Lo habían visto, quizás durante años, cada vez que entraban al templo. Vamos a leer ahora lo que Pedro les dijo en esta ocasión, aprovechando la atención que recibió después de sanar al hombre con el poder de Jesús.
  • Leamos Hechos 3:11-26. Mientras el hombre seguía aferrado a Pedro y a Juan, toda la gente, que no salía de su asombro, corrió hacia ellos al lugar conocido como el Pórtico de Salomón. 12 Al ver esto, Pedro dijo: «Pueblo de Israel, ¿por qué les sorprende lo que ha pasado? ¿Por qué nos miran como si, por nuestro propio poder o devoción, hubiéramos hecho caminar a este hombre? 13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros antepasados, ha glorificado a su siervo Jesús. Ustedes lo entregaron y lo rechazaron ante Pilato, aunque este había decidido soltarlo. 14 Rechazaron al Santo y Justo, y pidieron que se indultara a un asesino. 15 Mataron al autor de la vida, pero Dios lo levantó de entre los muertos, y de eso nosotros somos testigos. 16 Por la fe en el nombre de Jesús, él ha restablecido a este hombre a quien ustedes ven y conocen. Esta fe que viene por medio de Jesús lo ha sanado por completo, como les consta a ustedes.
  • 17 »Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes y sus dirigentes actuaron así por ignorancia. 18 Pero de este modo Dios cumplió lo que de antemano había anunciado por medio de todos los profetas: que su Cristo tenía que padecer. 19 Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, 20 a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor, enviándoles el Cristo que ya había sido preparado para ustedes, el cual es Jesús. 21 Es necesario que él permanezca en el cielo hasta que llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas, como Dios lo ha anunciado desde hace siglos por medio de sus santos profetas. 22 Moisés dijo: “El Señor su Dios hará surgir para ustedes, de entre sus hermanos, a un profeta como yo; presten atención a todo lo que les diga. 23 Porque quien no le preste oído será eliminado del pueblo”.
  • 24 »En efecto, a partir de Samuel todos los profetas han anunciado estos días. 25 Ustedes, pues, son herederos de los profetas y del pacto que Dios estableció con sus antepasados al decirle a Abraham: “Todos los pueblos del mundo serán bendecidos por medio de tu descendencia”. 26 Cuando Dios resucitó a su siervo, lo envió primero a ustedes para darles la bendición de que cada uno se convierta de sus maldades».
  • ¿Qué hizo Pedro cuando la gente se reunió? ¡Comenzó a predicarles el evangelio! Dios les dio a los apóstoles autoridad especial para hacer milagros. Hoy en día no hay apóstoles, pero Dios muestra su poder a través de su iglesia de otras maneras. En todo lo que la iglesia hace, no debe callarse el mensaje del evangelio.
  • Uno de los proyectos que tenemos como ministerio es distribuir paquetes de ayuda a los trabajadores del campo. Cada año, distribuimos entre 800 y 1.000 paquetes. Podríamos llegar y simplemente entregárselos con una sonrisa para luego irnos. Si hiciéramos esto, sin embargo, ignoraríamos su necesidad más grande.
  • No obligamos a nadie, pero les explicamos por qué lo hacemos y les compartimos el evangelio. En cada oportunidad que tengamos, compartamos el evangelio. Ahora bien, ¿qué es el evangelio? Lo podemos ver en la predicación de Pedro. El evangelio es el mensaje acerca de Jesús.
  • Pedro y Juan podrían haber evitado muchos problemas si simplemente hubieran dado ese día un mensaje positivo. Podrían haber dicho: ¡Ustedes también pueden hacer cosas grandes si tan sólo tienen fe! El hecho de hablar de Jesús los llevó a pasar la noche en la cárcel.
  • La iglesia siempre enfrenta la tentación de hablar de cualquier otra cosa menos que de Jesús. Todo el mundo aplaude si hablamos de positivismo, de autosuperación, de autoestima. Pero si sólo predicamos esto, dejamos al mundo perdido. Sería como decirle a alguien que se ahoga en el mar que sólo piense en lo seco.
  • La iglesia pierde su sentido cuando deja de proclamar a Cristo. Es el mensaje que se nos ha encomendado. ¿Qué dice el evangelio? Nos dice que somos pecadores y estamos lejos de Dios. Todos hemos pecado. Merecemos la muerte y el infierno. Sin embargo, Dios no nos deja de amar. Envió a Jesucristo para morir por nosotros y resucitar para darnos vida.
  • Por la fe en Jesús, podemos recibir el perdón de Dios. Podemos vivir con gozo, paz y propósito mientras esperamos el regreso de Jesús a la tierra. Podemos saber que, cuando él regrese, nos llevará para estar para siempre con él en el paraíso. Esto es el evangelio. Es el mensaje de lo que Jesús ha hecho por nosotros.
  • Ese mensaje, el evangelio, demanda una respuesta. El evangelio nos llama al arrepentimiento y la fe. El verso 19 dice: Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios. El evangelio requiere una decisión y nos llama a dejar nuestra vida pasada.
  • El evangelio no se parece al mensaje de texto que una mujer en Georgia le mandó a su esposo. Decía: ¡Hay un animal salvaje en el patio! ¡No salgas! El animal salvaje resultó ser una ardilla que tranquilamente se comía una nuez. El hombre ignoró el mensaje y salió sin temor.
  • Ese mensaje se podía ignorar, pero el evangelio no. Tienes que hacer algo al respecto. Tienes que decidir si le vas a entregar tu vida a Jesús, o si vas a seguir por tu propio camino. Cualquiera de las dos opciones es una decisión que trae consecuencias.
  • Cuando aceptas el evangelio, también te unes a Dios en su misión de salvación. Escucha de nuevo lo que dice el verso 25: Ustedes, pues, son herederos de los profetas y del pacto que Dios estableció con sus antepasados al decirle a Abraham: “Todos los pueblos del mundo serán bendecidos por medio de tu descendencia”.
  • La promesa a Abraham se cumple por medio del evangelio, que es un mensaje de bendición para todos los pueblos del mundo. Aceptar el evangelio te convierte en parte del pueblo de Dios que vive en misión. Vivimos con la misión de proclamar el evangelio con nuestras acciones y con nuestras palabras.
  • No todos vamos a ser grandes evangelistas o misioneros. No todos iremos a otras partes para predicar el evangelio. Pero todos podemos vivir para el evangelio y compartir el evangelio. Hace años, una de mis tías comenzó a usar ciertos productos de salud y belleza. Le gustaron tanto que empezó a decirles a todos que debían hacer lo mismo. Estaba segura de que esos productos la habían ayudado a ella, y quería que todo el mundo tuviera la misma experiencia.
  • Si podemos compartir con otros los productos que nos gustan, ¿por qué no podemos hablarles del Salvador que nos ha dado perdón, esperanza y vida? La iglesia tiene un mensaje, el mensaje del evangelio. Nunca dejemos de predicar este mensaje.
  • Te pregunto: ¿Has recibido el evangelio? Debes tomar una decisión acerca de Jesús. O lo sigues, o lo rechazas. No hay otro camino. Si no lo has hecho, te invito a que lo hagas hoy. Si ya lo conoces, ¿mantienes el evangelio al centro de tu vida? Debemos predicarnos el evangelio a nosotros mismos cada día, porque se nos va. Se vuelve como uno de esos mensajes de texto que se pierde debajo de todos los otros mensajes que nos llegan. Tenemos que recordarlo.
  • Si conoces a Cristo, ¿proclamas el evangelio? Es nuestro mensaje como iglesia. Pidámosle a Dios que nos demuestre cómo podemos compartir con otros este mensaje que nos ha dado vida. El evangelio lo cambia todo.
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