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December 17th, 2023

17/12/2023

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Un regalo de amor

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  • Hace años cuando era estudiante, tuvimos una fiesta de Navidad escolar con intercambio de regalos. Cada uno trajo un regalo envuelto, y nos turnamos en abrirlos. Por fin, le tocó a uno de los maestros abrir su regalo. Este maestro era calvo. Le gustaba bromear de su calvicie que en camino transitado no crece pasto.
  • Cuando abrió la envoltura de su regalo, todos se echaron a reír. El regalo que le había tocado era un peine. ¡Lo que menos falta le hacía! Ese regalo sirvió para que todos se rieran a carcajadas, pero de nada le sirvió al pobre maestro. Hoy vamos a hablar de otro regalo de Navidad. A diferencia de aquel peine, es un regalo que satisface nuestra necesidad más profunda. Es un regalo de amor.
  • Leamos acerca de este regalo en Juan 3:16-18. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. 18 El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo único de Dios.
  • La semana pasada llegamos a entender que Jesús es un Salvador para todos. Nos podríamos preguntar, ¿por qué necesitamos un Salvador? Los versículos que acabamos de leer nos dan la respuesta. Nos explican qué nos dio Dios, por qué nos lo dio, y por qué lo necesitamos. Veamos cada una de estas cosas.
  • En primer lugar, hablemos de la identidad del regalo. ¿Qué nos dio Dios? El verso 16 nos lo dice. Dios a su Hijo único. Este Hijo es el Verbo que describe Juan 1:1: En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.
  • Así como un hijo comparte el ADN de su padre, Jesús comparte la naturaleza de su Padre. Todo lo que es el Padre, también lo es Jesús. Todo lo que el Padre hace, también lo hace Jesús. El Padre y el Hijo comparten una sola esencia como un solo Dios. Sin embargo, existen eternamente en una relación de amor profundo como personas distintas.
  • Lo maravilloso e increíble de Dios es que él dio a ese Hijo que comparte su naturaleza divina y a quien tanto ama por nosotros. En el Antiguo Testamento encontramos la historia de una prueba que Dios le hizo a Abraham. Abraham había tenido un hijo muy querido en su vejez, un hijo llamado Isaac. Cuando Isaac ya era joven, Dios le dijo a Abraham que se lo sacrificara.
  • Si Dios te dijera que sacrificaras a tu hijo por él, ¿lo harías? Abraham sí estuvo dispuesto a hacerlo. Muy de madrugada se levantó y llevó a Isaac con unos sirvientes. En un burro llevaban leña para el sacrificio. Llegaron a cierto punto en su camino hacia la montaña donde Dios le había dicho a Abraham que sacrificara a Isaac y se quedaron los sirvientes.
  • Por fin, en la cima de la montaña, Abraham colocó a Isaac sobre un altar de piedras y estuvo a punto de degollarlo. En ese momento, Dios lo detuvo. Le dijo que había mostrado su confianza y obediencia, pero que no debía sacrificar a Isaac. Le enseñó un carnero atorado en un matorral que tomó el lugar de Isaac.
  • Seguramente, al oír esa historia, nos quedamos maravillados ante la fe de Abraham. Confió tanto en Dios que estuvo dispuesto a obedecer hasta entregar su hijo. Pero Dios nunca tuvo la intención de que Abraham realmente sacrificara a Isaac. Fue una prueba. Lo maravilloso es esto. Lo que Dios al fin no le exigió a Abraham él mismo lo hizo. Abraham no tuvo que sacrificar a su hijo, pero Dios sí.
  • Fíjate cuánto le costó a Dios este gran regalo de Navidad. Jesús estuvo dispuesto a dejar la gloria del cielo para nacer en un humilde pesebre. Estuvo dispuesto a ir a una áspera cruz para pagar nuestros pecados. El Padre sufrió al ver a su Hijo cargado con nuestros pecados. El regalo de la Navidad le costó mucho a Dios. Si este regalo le costó tanto, no podemos tomarlo a la ligera. Un regalo tan costoso nos exige una respuesta de gratitud, amor y entrega total.
  • Hemos hablado de la identidad del regalo. Es Jesús, el único Hijo de Dios. Ahora hablemos de la intención del regalo. ¿Por qué vino Jesús a esta tierra? El verso 17 nos habla de esto. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.
  • La Biblia nos dice que Dios es amor. El amor es su naturaleza. A veces nos imaginamos a Dios como un enojón que sólo busca la oportunidad de castigarnos. Algunos padres les transmiten esta idea a sus hijos. Dios no te ama si te portas mal. Vas a ir al infierno si haces eso. Presentan a Dios como un ogro que se deleita en torturar y maltratar a los desobedientes.
  • No podemos negar la realidad del juicio. Dios va a juzgar a todos, y los que persisten en rechazarlo recibirán una terrible recompensa. Pero esto no es lo que Dios desea para nosotros. Su deseo es salvarnos. Por eso, antes de que llegara el día del juicio, Dios envió a su Hijo para ofrecerte salvación.
  • Jesús es un regalo de amor. Jesús nos demuestra que el verdadero amor consiste en sacrificarse por el bien de los que uno ama. No consiste en manipular a otros para conseguir lo que uno quiere. Ese es el amor que Dios quiere que tú conozcas. Él es un Dios de amor fiel que te quiere recibir. ¿Cómo has respondido a su amor?
  • Hemos hablado de la identidad del regalo, Jesús, el Hijo único de Dios. También hemos hablado de la intención del regalo. Es un regalo de amor que nos invita a entrar en una relación de amor con Dios. Ahora vamos a hablar acerca de la necesidad del regalo. El verso 18 nos lo explica: El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo único de Dios.
  • A veces las personas dicen: No sé cómo un Dios de amor podría condenar a la gente al infierno. Pero aquí nos aclara algo muy importante. No es que Dios nos condene; es que nosotros mismos nos condenamos por no querer aceptar su oferta de perdón. En otras palabras, nosotros mismos nos hemos condenado por desobedecer a Dios y alejarnos de él. Ya estamos bajo condenación. Lo que Dios nos ofrece es la oportunidad de escapar de esa condenación y quedar libres.
  • Sin Jesús, estamos perdidos. Estamos muertos en nuestros delitos y pecados. El pecado produce tres cosas: culpa, separación y muerte. Somos culpables porque pecamos. El pecado nos separa de Dios, porque le ofende como nuestro Creador. El pecado nos condena a la muerte – no sólo la muerte física, sino la muerte eterna.
  • Pero Dios nos ofrece en Cristo la solución a todos esos problemas. La muerte de Jesús en la cruz quita nuestra culpa. Cuando confiamos en él, ya no somos culpables ante Dios. La muerte de Jesús también nos reconcilia con Dios. Cuando confiamos en Jesús, ya no somos sus enemigos. Somos sus amigos y parte de su familia.
  • La muerte de Cristo nos trae vida. Así como Jesús resucitó, nosotros también resucitaremos y viviremos para siempre con él. En esta vida encontramos paz y esperanza en él. En medio de las pruebas y dificultades, encontraremos el amor y la presencia de Dios con nosotros. Esto es vida verdadera.
  • El mejor regalo de la Navidad es Jesús, el regalo de amor que Dios nos dio. Ahora nos toca recibirlo. Nos toca corresponderle. Si tú no le has entregado tu vida a Cristo, hazlo hoy. Recibe por fe el regalo de perdón que Dios te ofrece en Jesús, y entrégate a él como regalo. Si Dios nos dio como regalo a sí mismo, no podemos hacer menos. Tenemos que entregarnos a él también.
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