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October 22nd, 2023

22/10/2023

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Verdadera libertad

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  • Cuando era niño, tenía lo que en mi país llamamos un cometa y en México se conoce como papalote. En las reducidas calles de Lima no había muchas oportunidades para echarlo a volar, pero de vez en cuando lo llevaba al parque o a la playa para soltarlo al aire. ¿Tuviste un papalote?
  • Una de las alegrías de un papalote es la sensación de libertad que te da. Se levanta sobre el viento, completamente por encima de todos los problemas y las dificultades de la vida. Un papalote vuela libre, como uno quisiera volar. Dios desea que tú y yo vivamos libres. De hecho, para eso vino Jesús. Juan 8:36 declara: Así que, si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.
  • Para que el papalote pueda volar libre, tiene que estar atado. ¿Te das cuenta? Si soltamos la cuerda del papalote, se irá volando por un rato – pero luego caerá a tierra. Sólo es libre para volar cuando está atado a la cuerda. A veces creemos que la libertad consiste en no tener ataduras y ser libres para hacer lo que queramos. Sin embargo, la verdadera libertad viene de estar atados a Jesús.
  • Durante estas semanas estamos hablando acerca de la salvación y sus beneficios. La semana pasada vimos la justificación. Cuando confiamos en Jesús como nuestro Señor y Salvador, Dios nos considera justos y nos da la justicia de Cristo. Hoy veremos el tema de la liberación. Dios se revela en la Biblia como un Dios que libera.
  • Cuando él formó a su pueblo en el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel, comenzó con un acto de liberación. En Éxodo 3:8, Dios le declara a Moisés cuál es su propósito: Así que he descendido para librarlos del poder de los egipcios y sacarlos de ese país, para llevarlos a una tierra buena y espaciosa, tierra donde abundan la leche y la miel.
  • Los israelitas habían vivido bajo la opresión de los egipcios. Tenían que trabajar sin recompensa. No tenían ninguna posibilidad de salir adelante. Se esforzaban bajo un sol que los quemaba, no para sacar adelante a sus hijos o para hacer un futuro mejor para sí mismos, sino para enriquecer a sus amos. El único futuro que les esperaba era trabajar hasta morirse.
  • Pero Dios escuchó su clamor. Él obró poderosamente para sacarlos. Hizo grandes milagros. Dejó en vergüenza a los dioses inútiles de Egipto y tumbó el orgullo del hombre más poderoso del mundo, el faraón egipcio. Con su brazo fuerte, Dios los sacó de su esclavitud y los llevó a la libertad.
  • Jesús vino a este mundo con el mismo propósito, pero en un sentido mucho más amplio y mejor. Cuando lanzó su ministerio público predicando en la sinagoga de Nazaret, citó este versículo: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas noticias a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos… (Lucas 4:18)
  • Cuando Dios se hizo hombre en Jesús, vino para traernos libertad. Nos presenta buenas noticias, porque librará a los cautivos y pondrá en libertad a los oprimidos. Si entendemos el evangelio correctamente, nos traerá libertad. Seguir a Jesús es la única forma de ser realmente libre.
  • Si queremos experimentar esa libertad, hay dos cosas importantes que debemos comprender. En primer lugar, la liberación de Dios viene al tiempo de Dios. Antes de que Moisés recibiera el llamado de Dios, ya había tratado de actuar como libertador. Cuando vio a un egipcio que maltrataba a un miembro de su pueblo, mató al egipcio y lo escondió en la arena.
  • Luego, cuando se dio cuenta de que lo habían visto, tuvo que huir. Terminó viviendo cuarenta años lejos de su pueblo y cuidando ganado en el desierto. Cuando Moisés buscó traer liberación a su manera, sólo produjo una peor esclavitud. Del mismo modo, nosotros a veces queremos conseguir la libertad, pero nos apresuramos para buscarlo a nuestro tiempo y a nuestra manera.
  • Por ejemplo, podemos enfocarnos en la liberación económica. Algunas personas te dirán que eso es lo más importante y que Dios quiere verte próspero. Sí, Dios promete proveer para los suyos. El apóstol Pablo expresó esta confianza en Filipenses 4:19: Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús.
  • Sin embargo, si damos prioridad a lo material, terminaremos en otra esclavitud. Confiemos en que Dios proveerá todo lo que necesitamos, pero no pensemos que la verdadera libertad se consigue con riquezas. A veces pensamos que la verdadera libertad se encuentra en tener una salud perfecta. Sabemos que Dios sana. Él es nuestro Sanador.
  • Sin embargo, cuando el apóstol Pablo le pidió que le quitara su aguijón en la carne, la respuesta que Dios le dio fue ésta: «Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad». (2 Corintios 12:9) Muchas veces, Dios nos sana en respuesta a la oración. Pero en otras ocasiones, él nos dice que quiere enseñarnos a confiar en él en medio de la enfermedad. Si damos prioridad absoluta a la salud física, podemos perjudicar nuestra salud espiritual.
  • A veces pensamos que la verdadera libertad está en la liberación emocional. A Dios le importa la salud de nuestro corazón. El rey David expresó esta seguridad cuando dijo: Pero yo confío en tu gran amor; mi corazón se alegra en tu salvación. (Salmo 13:5) La salvación de Dios trae verdadera alegría.
  • Sin embargo, tenemos que comprender que la santidad viene antes de la sanidad. Muchas veces, el dolor que sentimos en nuestro corazón tiene que ver con algo que debemos perdonar, o con un pecado que debemos dejar, o con una relación que debemos sanar. Dios no nos quitará el dolor del corazón de forma automática porque él quiere que seamos santificados para ser sanados.
  • Por eso, debemos comprender que la liberación de Dios viene a la manera de Dios. A lo largo de la Biblia vemos que Dios siempre hace las cosas a su manera. ¿A quién se le hubiera ocurrido mandar diez plagas para librar a los israelitas de su esclavitud en Egipto? Dios lo hizo así para mostrar su gloria y dejar en claro que él es el Dios verdadero y el Dios supremo.
  • Cuando llamó a Gedeón a librar al pueblo de la opresión de los madianitas, primero le quitó casi el 99% de su ejército. Luego, le dijo que iban a ir a la guerra sin espadas, sin puñales, sin arma alguna – con sólo trompetas, vasijas de barro y antorchas. ¡Qué forma más insólita de pelear! Pero Dios les dio la victoria.
  • Cuando llegó el momento en que Dios realizó su plan de liberarnos a nosotros, también lo hizo de una forma extraña. ¿Quién habría pensado que la muerte de un hombre humilde en una cruz lograría la salvación de todos los que creen en él? Pero así lo declara Hebreos 2:14-15.
  • Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo—, y librar a todos los que por temor a la muerte estaban sometidos a esclavitud durante toda la vida.
  • Jesús vino en debilidad y compartió nuestra carne para librarnos del poder del pecado, de la muerte y del diablo. La forma en la que compartimos su victoria también es inusual. 1 Juan 5:4 dice: porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe.
  • Nuestra victoria no viene con mucha astucia, con fuerza militar o con grandes cantidades de dinero. Más bien, viene por medio de la fe en Jesucristo. En Cristo, somos libres. Somos libres de culpa y de temor. Conforme más cerca caminemos con él en fe, más libres seremos en todos los sentidos. Dios te invita a tener la libertad del papalote – conectado a Cristo por la fe.
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