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October 04th, 2026

4/10/2026

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Somos iglesia: La santidad de la iglesia

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  • Hace algunas semanas tuve que ir al dentista. Decidió sacarme unas radiografías. La asistente de dentista primero me colocó un delantal muy pesado, lleno de plomo, y luego salió del cuarto antes de presionar el botón que me sacaría las placas.
  • ¿Por qué tomó estas precauciones? Simplemente porque los rayos X son peligrosos. Son muy útiles, pero también pueden ser dañinos. Dan información muy importante a los doctores, pero se tienen que tratar con cuidado. Las radiografías han salvado muchas vidas.
  • Sin embargo, si no se toman las precauciones debidas, también pueden causar cánceres que matan. En cierta manera, así también es la presencia de Dios. La presencia de Dios trae muchísima bendición. Sin embargo, si nos acercamos a Dios de la manera equivocada, su presencia puede ser peligrosa.
  • Hoy veremos la historia de Ananías y Safira, una pareja que descubrió esta verdad de una manera muy desagradable. Su historia comienza con la solidaridad que se notaba en la iglesia. Cuando había necesidad, los más ricos vendían alguna propiedad para compartir con los pobres. Un hombre llamado José, también conocido como Bernabé, hizo esto.
  • Ananías y Safira vieron lo que hizo Bernabé y querían recibir la atención que recibió él. Leamos ahora lo que hicieron en Hechos 5:1-11. Un hombre llamado Ananías, con su esposa Safira, también vendió una propiedad. 2 En complicidad con su esposa, se quedó con parte del dinero y puso el resto a disposición de los apóstoles.
  • 3 —Ananías —le reclamó Pedro—, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno? 4 ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? ¡No has mentido a los hombres, sino a Dios!
  • 5 Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Y un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido. 6 Entonces se acercaron los más jóvenes, envolvieron el cuerpo, se lo llevaron y le dieron sepultura.
  • 7 Unas tres horas más tarde entró la esposa sin saber lo que había ocurrido.
  • 8 —Dime —le preguntó Pedro—, ¿vendieron ustedes el terreno por tal precio?
  • —Sí —dijo ella—, por tal precio.
  • 9 —¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? —le recriminó Pedro—. ¡Mira! Los que sepultaron a tu esposo están a la puerta y ahora te llevarán a ti.
  • 10 En ese mismo instante ella cayó muerta a los pies de Pedro. Entonces entraron los jóvenes y, al verla muerta, se la llevaron y le dieron sepultura al lado de su esposo. 11 Y un gran temor se apoderó de toda la iglesia y de todos los que se enteraron de estos sucesos. (NVI)
  • Esta historia nos demuestra la importancia de la santidad de la iglesia. Dios dijo, Sean santos, porque yo soy santo. No me refiero sólo a nuestro comportamiento cuando nos reunimos para adorar al Señor. La iglesia no es este edificio. Más bien, somos la iglesia. La santidad tiene que reflejarse en nuestras vidas individuales y en nuestra vida unida.
  • Vamos a enfocarnos en dos ideas principales. En primer lugar, la santidad de la iglesia refleja la presencia del Dios santo. La iglesia ha sido llamada a ser santa precisamente porque Dios mora en y entre nosotros. Cuando nos bautizamos fuimos separados del mundo para unirnos al pueblo santo de Dios.
  • Ananías y Safira no respetaron la santidad de Dios. ¿Cuál fue su pecado? No fue quedarse con parte del precio de la propiedad. Pedro lo deja muy claro: ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Luego dijo, Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder? Ananías y Safira no estaban obligados a vender el terreno. Tampoco tenían que dar todo lo que recibieron de la venta. Podrían haberse quedado con el terreno, o podrían haber dado sólo una parte.
  • Su error fue mentir al respecto. En el verso 3, Pedro dice: ¿Cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno? Su error fue mentir acerca de lo que habían hecho. Fingían darle todo a Dios, cuando realmente sólo le estaban dando una parte.
  • ¿Por qué fue tan grave su error? ¿Por qué les costó tanto? Porque no le mintieron a un hombre. Le mintieron a Dios. Dios estaba presente en su pueblo por medio de su Espíritu Santo. El Espíritu Santo es Dios. El verso 3 habla de mentirle al Espíritu Santo, y el verso 4 de mentirle a Dios. La presencia del Espíritu Santo en y entre nosotros es la presencia misma de Dios.
  • Dios, que existe como Padre, Hijo y Espíritu Santo, es completamente santo. ¿Qué significa la santidad de Dios? Considera esto: en la creación vemos una mezcla de lo bueno y lo malo. Incluso en nosotros mismos lo vemos. A veces podemos ser muy nobles y generosos. En otros ratos somos egoístas y crueles. El mundo que nos rodea es una mezcla de bueno y malo.
  • Pero Dios no es así. Dios es completamente bueno, completamente santo. Es luz pura sin nada de oscuridad. Lo malo existe a causa de la rebelión de los seres creados, del diablo y de nosotros. Dios no creó el pecado. Nos creó con la capacidad de tomar decisiones, y nosotros hemos mal usado esa capacidad. Hemos escogido mal. De allí viene la maldad.
  • Sin embargo, podríamos pensar que Dios es como nosotros, una mezcla de bien y mal. No es así. Dios es totalmente santo. El profeta Isaías tuvo una visión de Dios. Lo vio sentado en un trono, adorado por ángeles brillantes de fuego que se llaman serafines. Esos serafines ni se atrevían a mirar a Dios. Se cubrían los ojos y repetían: «Santo, santo, santo es el Señor de los Ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria».
  • La tierra está llena de la gloria del Señor, pero él es totalmente distinto a su creación. No hay ningún rasgo de maldad en él. Su santidad es poderosa y es peligrosa. Ananías y Safira murieron por no saber respetar la santidad de Dios en su iglesia. Ofendieron al Espíritu Santo.
  • Hace muchos años, trabajaba en un restaurante. Cada año llegaba un representante del departamento de salud para realizar una inspección. Cuando llegaba el inspector, todo tenía que estar limpio. Nada podía estar tirado. Teníamos que lavarnos las manos a cada rato. Todo tenía que hacerse como el manual lo mandaba. La presencia del inspector exigía lo mejor.
  • Si un inspector humano puede hacer eso, ¡cuánto más la presencia de Dios nos llama a dar lo mejor! Ese inspector sólo venía una vez al año, pero Dios está presente con nosotros todos los días. La presencia de Dios en su iglesia nos exige que vivamos en santidad.
  • A veces, cuando se habla de la santidad de la iglesia, las personas piensan en usar vestidos largos, en no usar maquillaje y en otras reglas legalistas. La modestia personal es buena, pero la santidad que Dios demanda de nosotros no es cuestión de legalismo. Es cuestión de reverencia. Cuando adoramos a Dios en su santidad, queremos ser santos como él.
  • Esto nos lleva a la segunda verdad importante que veremos esta mañana. La santidad de Dios requiere humildad y compromiso. Respetar la santidad de Dios no es cuestión de vernos bien por fuera y estar llenos de pecado por dentro. Respetar la santidad de Dios es cuestión de entrega y de sumisión.
  • Cuando Ananías se acercó con el dinero, Pedro lo confrontó con lo que había hecho. Cuando llegó Safira después, Pedro también le preguntó si era verdad que habían vendido el terreno en tal precio. Es interesante que los dos son igualmente responsables. Dios no hace acepción de personas. Safira no es menos responsable por ser mujer.
  • Y me pregunto: ¿qué habría sucedido si Ananías hubiera confesado su pecado? ¿Qué habría sucedido si Safira hubiera dicho la verdad en lugar de mentir? Creo que ninguno de los dos habría muerto. Es mucho mejor arrepentirse pronto que lamentarse luego.
  • Pedro le preguntó a Ananías cómo era posible que Satanás hubiera llenado su corazón. Si el diablo llena tu corazón, es porque se lo permitiste. El diablo también entró al corazón de Judas Iscariote, el que traicionó a Jesús. Pero desde antes, Judas había estado robando de la bolsa. Con su avaricia y su falta de arrepentimiento, le dio cabida al diablo.
  • Algo va a llenar nuestro corazón. Podemos llenarnos de asombro, de reverencia y de humildad ante la santidad de Dios, o podemos dejar que el enemigo llene nuestro corazón con su engaño. Felizmente, Dios no castiga a todos de forma inmediata como lo hizo con Ananías y Safira. De otro modo, creo que ninguno de nosotros estaría aquí.
  • Más bien, lo que sucedió con Ananías y Safira nos sirve como un llamado. Si no nos arrepentimos, si no nos humillamos ante Dios en respeto a su santidad, enfrentaremos su castigo. En cambio, si somos humildes ante Dios y nos despojamos de lo que no le agrada, nos abrirá el camino a su gozo.
  • Algún tiempo atrás, un estudiante en la Universidad de Clemson compartió públicamente que la pornografía le había robado la paz. Había dañado sus relaciones. Se unió a un grupo de hombres para rendirles cuentas acerca de su comportamiento. Instaló filtros en sus dispositivos. Por la noche, se dedicó a orar y leer la Escritura.
  • Seis meses después, dijo esto: Yo no sabía que la santidad me traería felicidad. Pensaba que sólo eran reglas. Ahora me levanto sin sentir vergüenza. Gracias a su testimonio, otros estudiantes se comprometieron con la santidad. El grupo fue marcado por una adoración gozosa y amistades profundas.
  • Si queremos compartir su gozo, Dios nos llama a tomar una decisión personal de vivir en santidad. Quiero invitarte hoy a hacer un compromiso delante de Dios. Decídete ya a dejar de vivir a medias y entregarte completamente a Cristo. Quizás creas que no puedes vivir sin el pecado. La verdad es que el pecado te está quitando la vida.
  • Cristo te ofrece su ayuda para vivir en santidad, pero tienes que aceptarla. Acércate hoy a él por fe. Confiésale tu necesidad, y recibe su perdón. Pídele a su Espíritu que te llene para guiarte por sus caminos de justicia y de verdad. Cuando vivimos en rebelión, la santidad de Dios es espeluznante. Cuando vivimos en humildad y entrega, su santidad es emocionante.
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